CRÍTICA: Begin Again (2013)

La vi hace varios años. Me la recomendó una amiga a la que le encanta Adam Levine y que curiosamente tiene un gran parecido en su imagen no sólo física con Keira Knigthley. O al menos, así lo veo yo, que la conozco desde que teníamos 17 años, y de eso ya hacen casi 20. Pero además, en el reparto de la película estaba Mark Ruffalo. Y por esas tres cosas era inevitable que en su día la viese. Ahora, es inevitable que la quiera ver cada cierto tiempo, que quiera escuchar su música en el coche, en casa, en la playa, en la ciudad, en el monte, en la calle o sobrevolando el atlántico.

Es en este filme, conducido deliciosamente por el director John Carney, donde si no lo hacías ya antes, descubres tu amor por la música. Por la buena música, por el arte de la música, por los cimientos de la música, por la capacidad sensorial y de transmisión de la música. El poder de elevarte a los cielos sin separarte del cielo que tiene la música, no lo tiene otro arte más (y que no se ofendan los demás). Y es que este filme es la búsqueda del arte puro. Es talento, es creación y descubrimiento.

Carney ha sabido administrar una dosis purista y una elegancia narrativa a una película que es casi un desnudo de intenciones. Un baile de emociones y de percepciones. En ella se nos muestra como funciona parte del negocio de la música como trama subyacente; aunque impera de una forma sedosa y bien hilvanada un romance nada farragoso, ni engolado de melaza innecesaria. Es sutil, real, amargo, dulce y cercano. Está en la calle, en nosotros y en la vida. Porque la vida es a veces películas como esta.

Es imposible… me ha sido imposible separarme de sus escenas, de sus canciones y de sus momentos mágicos durante estos cuatro años. Begin Again significa “empezar de nuevo”, pues cada vez que la veo empiezo de nuevo a sentir amor por la vida, por los sueños, por las esperanzas, por los éxitos y por las derrotas. Aprendes incluso a amar a Nueva York y a su gente. Porque depende de quien te lo cuente y como te lo cuente, el cuento sabe mejor.

Tenéis que verla, aunque luego no os guste; pero hay que ver estas películas, sobre todo aquellos que amen la música, la vida y el cine. Y también debéis verla porque tanto Keira como Mark están arrebatadores, sublimes, inmensos. De Mark Ruffalo (Spotlight, Los vengadores, Ahora me ves, entre otros…) me esperaba ese nivel, pero Keira Knigthley (Anna Karenina, Piratas del Caribe, Orgullo y perjuicio, La belleza oculta, etc…) me ha sorprendido. No me desagradaba en absoluto esta actriz y creo que es de los papeles que le vienen como un traje hecho a medida, pero en esta ocasión le imprime un carácter más personal y cognitivo que en otras ocasiones. Y luego está el líder guaperas de la banda Maroon 5, que demuestra su versatilidad haciendo de actor de reparto. Claro está, sin salirse de su rol de músico, donde lo borda, pero sin caer en la impostación.

Luego están los momentos mágicos… Hay una escena, en un bar, en donde se cruzan por primera vez los dos personajes principales… Es “la escena”. Hay pocas escenas en el cine con las que se vea más detalles entre líneas que con esta. Es la prueba de que hay corazones, almas y mentes que ven más allá que otros. Y eso nos transmite también esa escena.

Y, de repente nos encontramos con frases demoledoramente hermosas y conmovedoras como: “Todo lo que sé es que todo no es nada si no te tengo”.

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