CRÍTICA: Múltiple (2017)

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Las personalidades del ser

A lo largo de su carrera, a M. Night Shyamalan se le ha identificado por ser un director de ‘plot twists’, giros importantes en la trama que han significado una suerte de marca analógica en sus películas. Lo cierto es que su cine no se basa únicamente en el factor sorpresa (aunque sí es una baza importante), sino en unas pautas y elementos reconocibles que ha ido utilizando en sus historias. De este modo, sus filmes, diferentes en el aspecto de la trama, no lo son tanto si nos referimos a la estructura que los conforman.

Después de su paso por el sub-género del found footage en ‘La visita’, ‘Múltiple’ puede verse como un acercamiento de Shyamalan a su filmografía de finales de los 90 y gran parte de la primera década de los 2000 donde el director controlaba sus películas, un aspecto que pareció perderse cuando decidió dirigir las fallidas superproducciones ‘Airbender: el último guerrero’ y ‘After Earth’, una etapa breve y perjudicial que ha quedado atrás. En ‘Múltiple’, tres chicas adolescentes son secuestradas por Kevin (James McAvoy), que padece un trastorno disociativo y en cuya mente habitan 23 personalidades distintas. Varias de esas personalidades salen a la luz con el propósito de gobernar a Kevin y permitir que una nueva identidad mucho más poderosa, llamada la Bestia, se origine y ponga en peligro la vida de las jóvenes.

multiple_3Shyamalan retoma un tema que ya ha utilizado en varias ocasiones como es el ser humano con habilidades especiales como ya hizo con Cole y su don para poder ver a los muertos en ‘El sexto sentido’ o David Dunn, el superhéroe que desconocía serlo de ‘El Protegido’. Seres con capacidades extraordinarias vistos desde la comprensión y fascinación. En ‘Múltiple’, el director recupera el papel del psicólogo, que ya utilizó en ‘El sexto sentido’ con Malcolm Crowe, en este caso encarnado por la doctora Fletcher (Betty Buckley), que trata de entender y reconocer las personalidades del trastorno disociativo de Kevin en sus sesiones.

Las diferentes personalidades que se manifiestan suponen una suma de posibilidades a favor de la historia y un desconcierto para las tres chicas que tendrán que averiguar la manera de escapar. En esta mezcla de identidades entra Casey (Anya Taylor-Joy), cuya personalidad aislada por sucesos del pasado, pero muy perspicaz le hace tomar el mando de la situación y se decida interactuar con alguna de las personalidades más débiles de Kevin para que las ayude a escapar del recinto donde están recluidas. A Shyamalan siempre le ha gustado sorprender al espectador, captar su atención y mantenerlo en tensión. En ‘Múltiple’, la narración es muy directa y va in crescendo para derivar en el desconcierto y la incomodidad gracias también al uso de los espacios reducidos o cerrados, como ya ocurría en las casas de ‘Señales’ o ‘La visita’, y al empleo de planos fijos y primeros planos, que vienen acompañados de la fotografía de Mike Gioulakis (‘It Follows’), que logra captar el ambiente de intranquilidad y perturbador que respira el filme y que el director hindú combina con algunos toques de su humor tan característico que logra ser un contraste divertido que encaja dada la inverosimilitud de la situación.

Como suele ser habitual en el cine de Shyamalan, hay un vínculo entre varios personajes, una conexión que permite conocerlos y entenderlos mucho mejor. Kevin y Casey son dos personas con un pasado complicado, una conversación con la doctora de una de las personalidades de Kevin y, sobre todo, los flashbacks breves de la niñez de Casey, permiten divisar las similitudes que hay entre ellos y que resultan ser determinantes. Es en el lazo traumático que ambos comparten donde Shyamalan combina el thriller con el drama en el tercer acto. El trauma de nuevo como catalizador y génesis de un personaje.

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Si bien el guión y el desarrollo de la historia funcionan gracias a una planificación muy medida, ‘Múltiple’ le debe mucho a James McAvoy. El actor tenía la complicada misión de interpretar a diferentes personajes y en ocasiones haciéndolo a la vez. McAvoy hace un gran papel con una interpretación que combina registros gestuales, corporales y vocales. Cada identidad supone un cambio de registro y de forma de ser, algunos generan simpatía y mientras que otros terror. Shyamalan le da mucha importancia a sus personajes, con diálogos o actos que los definen, casi siempre ante una amenaza. En ‘Múltiple’, por primera vez el personaje principal en el que sustenta la historia es la amenaza y para ello necesitaba un actor con la suficiente versatilidad para que el resultado fuera positivo y la impecable actuación de McAvoy lo ha logrado. McAvoy tiene el apoyo de Anya Taylor-Joy con la que comparte gran multitud de escenas y con la que logra una relación muy estrecha que beneficia a la trama. Taylor-Joy concede al personaje de Casey de valentía y determinación, en un trabajo basado en su mirada.

‘Múltiple’ no es el regreso de Shyamalan (¿acaso se ha ido nunca?), sino la confirmación de que los patrones de su cine siguen ahí con el objetivo de seguir dando al espectador lo que se espera de él. Un inquietante laberinto de identidades que al mismo tiempo se convierte en un guiño a su filmografía.

Sergio Montesinos

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