CRÍTICA: Stranger Things (2016)

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4 estrellas

¿Cómo se condensa lo mejor de los 80 en una serie de 2016? ¿Cómo juntas cosas de Steven Spielberg, Stephen King, Los Goonies, En los límites de la realidad, La cosa o Alien sin que todo parezca un revoltillo sin pies ni cabeza? ¿Cómo te las apañas para captar la esencia de los trabajos insignes de una década mítica y aún así ofrecer un producto fresco y con voz propia? Bueno, la respuesta a todas esas preguntas es la misma, sólo dos palabras: Stranger Things.

Es verdad que el tráiler del nuevo éxito de Netflix (y ya van no sé cuántos) ya dejaba buenas sensaciones en el cuerpo, que la idea de rescatar los mitos de la infancia, de desenroscar el tarro de la nostalgia y hacer algo tipo Súper 8 pero que funcionase bien tenía buena pinta, pero creo que ni los más optimistas pensamos que Stranger Things sería la pequeña maravilla televisiva que es.

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Entrar en Stranger Things es viajar a un lugar que ya solo existe en los recuerdos, introducirse de lleno en un mundo que desapareció hace mucho, pero que gracias a las aventuras de Mike, Lucas y  Dustin (o lo que es lo mismo: cara rana, medianoche y desdentado, que dirían los malotes) se hace de nuevo palpable, pudiendo revivir durante los 50 minutos de cada episodio una magia que creíamos ya extinta. Un viaje a través del túnel del tiempo emocionante, entretenido y que fascina a la vez que engancha.

En Stranger Things hay muchas cosas fabulosas, pero quizás una de las más remarcables es que sea capaz de aunar lo mejor de ambos mundos, el ochentero-nostálgico y el actual-modernete, con una serie que respira influencias por los cuatro costados (si parpadeas seguro que te pierdes alguna de ellas) pero que a la vez se ve como muy actual, una serie muy de 2016, con una trama y un desarrollo de personajes realmente currados y unos efectos especiales con el habitual CGI.

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Niños aventureros, una madre luchadora y sufridora, el poli de pueblo que parece que no se entera de nada, la chica guapa y lista que quiere ser guay, el chico raro que tuvo que dejar el insti para currar, la niña con poderes, los abusones… Stranger Things presenta una serie de personajes arquetípicos que nos ayudan a sintonizar con el rollo de la época, constituyendo una plantilla de variopintos personajes en la que es muy complicado elegir un favorito. Las interpretaciones son otro de los puntos fuertes de la ficción, desde la renacida Winona Ryder a los carismáticos chavales (mención especial para la niña que hace de 11), pasando por el jefe Hopper o el científico maloso al que da vida Matthew Modine, todos están perfectos en su papel.

Pósters de Tiburón, Evil Dead, La Cosa o un jovencísimo Tom Cruise, un fragmento de un episodio de He-Man y los Masters del Universo, un ejemplar de Cujo, un par de entradas de cine para Poltergeist, un Halcón Milenario de juguete, un juego de Dragones y Mazmorras… Stranger Things nada en un inmenso mar de influencias, buceando por otros mundos, visitando con devoción otras creaciones, saliendo a flote con una historia extraordinaria y adictiva a través de unos personajes que tras un par de episodios ya se sienten de la familia.

Recomendable es poco. La creación de los hermanos Duffer es por derecho propio (y ajeno) una de las series del año.

Alfonso Gutiérrez Caro

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