CRÍTICA: La Gran Apuesta (2015)

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2 estrellas

Adaptación del libro ‘La gran apuesta’ de Michael Lewis, que reflexiona sobre la quiebra del sector inmobiliario norteamericano que originó la crisis económica mundial en 2008.

‘La Gran Apuesta’ es una decepcionante comedia sobre el origen de la crisis financiera. Adam McKay, avezado director de comedias absurdas (algunas con mejor fortuna que otras) se desliga del cómico Will Ferrell para afincarse en un terreno más realista y crítico. La idea no es mala y a priori resulta atractiva. De hecho McKay no es el único que trata de hacer frente a su vis cómica, ya que la película encuentra también en el humorista Steve Carell su mayor baza.

Los personajes, más que estar dotados de una personalidad definida y desarrollada, se muestran como meros peleles intercambiables. Alguna que otra línea argumental podría ser eliminada y el resultado seguiría siendo el mismo.

THE BIG SHORT

Una lástima, porque el reparto de ‘La Gran Apuesta’ está repleto de espléndidos intérpretes. Sin embargo el filme se conforma con nutrirse del carisma de sus estrellas, desperdiciando su talento en personajes inertes. Ni siquiera destaca Christian Bale en una esforzada interpretación con un personaje tan tópico como plano.

‘La Gran Apuesta’ intenta hacer comedia con un tema delicado como es la crisis financiera, emulando el proceder de Scorsese en ‘El Lobo de Wall Street‘. Pero al margen de un ritmo adecuado, la película no aporta nada y fracasa en su intento de ofrecer un producto divertido y que haga pensar al público.

Se alternan rápidas líneas en jerga económica casi incomprensible con explicaciones ofrecidas con una prepotencia que casi podría interpretarse como un insulto a la inteligencia del espectador. Todo ello rompiendo la cuarta pared con miradas a cámara; ellos, Anthony Bourdain y Richard H. Thaler, unos reputados chef y economista; ellas, Margot Robbie desnuda en una bañera y Selena Gomez. Faltaría más.

‘La Gran Apuesta’ pretende ser incisiva e ingeniosa, pero su pretendida fuerza es más impostada que otra cosa. No pasa de ser un filme al que se le ven las costuras y que no deja poso alguno, ni como comedia, ni como crítica social.

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