The Leftovers: Temporada 2 (2015)

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5 estrellas
Este artículo contiene spoilers de la segunda temporada de ‘The Leftovers’.

‘The Leftovers’ llegó a nuestras pantallas con el difícil cometido de buscarse un hueco en el ya competente escenario seriéfilo. No lo tenía fácil, y menos aún cuando su principal responsable es Damon Lindelof, uno de los guionistas más defenestrados, pero también de los más importantes del panorama actual. Aún así lo consiguió, sin prisa, tomándose su tiempo, como solo las buenas series saben hacerlo.

‘The Leftovers’ en seguida impuso su propio estilo, descubrió sus cartas y se confesó como una ficción misteriosa que nunca estaría por la labor de explicar su principal enigma y leit motiv. Un 14 de octubre, el 2% de la población mundial desapareció sin dejar rastro, con todas las connotaciones religiosas y de ascensión de las almas que ello implica. No importa dónde fueron y si en realidad se trata de un fenómeno fantástico. Lo que de verdad interesa es el drama humano, la depresión como consecuencia de la pérdida, de la ausencia de los seres queridos, la impotencia ante la falta de explicación y las múltiples vías para afrontarlo. Todo ello a escala mundial, concentrado en una pequeña ciudad de EE.UU., Mapleton.

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Basada en un libro escrito por Tom Perrotta, uno de los guionistas y creadores, la segunda temporada de ‘The Leftovers’ parte sin material que adaptar. Lindelof decide explorar las infinitas posibilidades que presenta su apasionante argumento. Para ello continúa la historia, o más bien comienza una nueva, en Jarden, Texas, el único pueblo que no sufrió el famoso 14 de octubre desaparición alguna. En él sus habitantes, aparentemente, no han visto mermadas sus esperanzas, no han sufrido la inexplicable pérdida de sus familiares y amigos.

Pero antes de conocer este milagroso pueblo, ‘The Leftovers’ se permite arrancar con un extraordinario prólogo que nos sitúa en la Prehistoria. El él presenciamos con cara de atónitos el milagro de la vida y la incansable lucha de una madre por la vida de su hijo recién nacido, así como el paso del testigo. Acto seguido conocemos a la familia Murphy, de apariencia normal pero llena de secretos y sombras, lo que la convierte en un excelente fichaje para el ya de por sí sobresaliente reparto.

Porque si ‘The Leftovers’ mima con especial cariño algún aspecto es a sus personajes, construidos de forma brillante a lo largo de sus capítulos, todos ellos únicos e irreemplazables. Son ellos el principal reclamo de la serie de televisión, más allá del misterio y del misticismo de su argumento. ‘The Leftovers’ otorga mayor importancia a su vertiente emocional y a la complicidad con el destino de sus protagonistas y sus traumas más que a alimentar el fuego de la expectación y la posibilidad de descubrir el misterio. No en vano, Iris DeMent entona en la cabecera de esta segunda temporada ‘Let the mysery be’.

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Es aquí donde ‘The Leftovers’ se desmarca de su principal modelo, ‘Perdidos’. Si bien en ambas ficciones el peso lo llevan sus protagonistas, ‘Perdidos’ jugaba en exceso al despiste y a la posibilidad de encontrar una explicación plausible que resolviera el entuerto. No así con ‘The Leftovers’, la cual desde su comienzo renuncia a dicha posibilidad para centrarse en lo que de verdad importa, en el impacto emocional y en la lucha por la superación de sus protagonistas. La lucha de Nora Durst contra la soledad del abandono, la de Kevin contra su locura heredada, la de Jill contra el rechazo materno o la de Laurie contra el silencio de un hijo desaparecido, solo por poner algunos ejemplos y algunas de las interpretaciones posibles. Y es que si hay algo que también hace de ‘The Leftovers’ una serie de gran calado es la ausencia de una interpretación única. Tal y como exponen John y Kevin en una de las múltiples referencias al propio espectador cuando ambos confiesan que no entienden nada.

Como en casi todas las ficciones de Lindelof, los simbolismos religiosos y la fe como tema recurrente se mantienen constantes. La dicotomía entre lo humano y lo divino, la búsqueda de la salvación, el perdón y el amor. En este sentido ‘The Leftovers’ encuentra un importante paralelismo con ‘Perdidos’ al culminar de forma casi idéntica, con su protagonista quien tras emprender un viaje en busca de la redención, encuentra la felicidad y la paz en su hogar, rodeado de sus seres más queridos.

Hay que aplaudir a esta segunda temporada de ‘The Leftovers’ por su valentía y asunción de riesgos, sin buscar la aprobación del público. Hace falta mucho aplomo para reservar tan solo los últimos minutos del primer episodio para mostrar a los protagonistas de la primera temporada. O por optar por el prólogo ya mencionado. Es en este primer episodio donde transcurre otro de esos momentos geniales en los que Lindelof parece dirigirse directamente al espectador, al no decidir si los Murphy son una parte de la historia de los Garvey o al revés. Lo mismo ocurre cuando Kevin busca su resurrección con métodos poco ortodoxos (¿o una posible renovación de la serie?), simplemente porque lo merece, dando al público lo que quiere.

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Como ya hizo el año pasado, la segunda temporada de ‘The Leftovers’ vuelve a lucirse en aquellos episodios dedicados a un solo personaje o a un número reducido. Brilla con particular fuerza en el tercer episodio donde podemos ver cómo Laurie prosigue con su vida tras abandonar la secta del Remanente Culpable. Ahora intenta corregir sus errores ayudando a los demás a seguir su ejemplo gracias a la ayuda de su hijo Tom, quienes deciden sustituir un culto por otro para enmendar el vacío en sus corazones.

Otro episodio a destacar vuelve a centrarse en el reverendo Matt, narrado con una tensión virulenta. Así como el octavo episodio, sobre el particular viaje de Kevin, que en nada tiene que envidiar al onírico cine de David Lynch, creando un universo propio que bien podría constituir un filme independiente.

Pero si hay un capítulo perfecto que permanecerá por mucho tiempo en la memoria del espectador es el último de la segunda temporada de ‘The Leftovers’ y, muy probablemente, el último de toda la serie. Dirigido de forma vibrante por Mimi Leder, el décimo episodio conjuga un apasionante clímax final donde convergen todas las líneas argumentales de la temporada, resolviendo todos sus arcos narrativos en un tenso y emocionante final. Somos testigos de nuevo del sacrificio de una madre por su hijo, de la merecida recompensa de quien decide sacrificar su vida por los demás así como de la devastación de un paraíso por los más radicales. Y todo ello con el corazón en un puño.

Todo apunta a que probablemente ‘The Leftovers’ no conozca de una tercera temporada. Lo que sería una lástima dadas las grandes posibilidades que todavía alberga la serie tal y como ha podido demostrar esta segunda temporada. Pero de confirmarse los peores pronósticos, al menos hemos podido disfrutar de un cierre absolutamente maravilloso. Y de un total de 20 capítulos a los que no dudaré en regresar en un tiempo no muy lejano.

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