CRÍTICA: La visita (2015)

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4 estrellas

Título original: ‘The visit’. Año: 2015. Duración: 94 min. País: Estados Unidos. Director: M. Night Shyamalan. Guión: M. Night Shyamalan. Fotografía: Maryse Alberti. Reparto: Olivia DeJonge, Ed Oxenbould, Deanna Dunagan, Peter McRobbie, Kathryn Hahn. Productora: Blumhouse Productions. Género: Terror. Estreno (Estados Unidos): 11/09/2015. Estreno (España): 11/09/2015.

M. Night Shyamalan siempre ha mantenido unas pautas muy marcadas y definidas en su filmografía, factores que todo aquel que haya visto varios trabajos del director puede identificar con facilidad. Su doble experiencia con las superproducciones ‘Airbender, el último guerrero’ y ‘After Earth’ fueron un giro y un bache para la creatividad a la hora de crear historias que había demostrado con sus anteriores películas, limitado a un material ya establecido y con la presión de un gran estudio detrás. Con ‘La visita’, Shyamalan deja de lado la espectacularidad y el croma para centrarse en una historia pequeña con pocos personajes y escasas localizaciones como ya hiciera en filmes como ‘Señales’. ‘La visita’ cuenta la convivencia de dos hermanos, Becca y Tyler, con sus abuelos maternos, a lo que que nunca antes han visto. Una visita de una semana afectada por el extraño comportamiento de los ancianos.

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La película destaca por su forma al pertenecer al género del found footage, con un uso constante de la cámara en primera persona. Un género que engloba películas como ‘El proyecto de la bruja de Blair’, ‘Monstruoso’ o la saga de ‘Paranormal Activity’ para dar más realismo a los hechos y que en ‘La visita’ supone ser un documental que Becca realiza para entender el distanciamiento entre su madre y los abuelos por un suceso ocurrido en el pasado. En estos casos la cámara se convierte en un personaje más en el filme para focalizar la mirada en un lugar muy concreto, el que ha decido el personaje. Muchas de las películas pertenecientes a este género abusan de un mal uso de la cámara, ya sea con un exceso de movimiento que acabe desconcertando al espectador en lugar de generar una sensación de tensión o bien por crear largos planos a la espera de que suceda algo en la escena para buscar más el susto fácil que la intriga. Shyamalan aprovecha el uso de la cámara en mano para generar momentos muy inquietantes tanto por lo que se muestra en el encuadre como lo que no se ve y puede aparecer de la nada. El fuera de campo y los largos planos fijos, en los que siempre pasa algo, combinados con algún movimiento brusco justificado, como la escena en la que juegan al escondite, generan una sensación de temor y confusión que benefician a la película.

La amenaza está personificada en la figura de los abuelos. Una de las grandes bazas de la película está en no saber de qué manera actuarán ante sus nietos (delante de la cámara) al ser dos personas imprevisibles que pueden pasar de la amabilidad a una conducta chocante al instante, unos personajes que se asemejan al personaje de la anciana que aparecía en el último tercio de ‘El incidente’. Sus actuaciones, cercanas a la demencia y a la locura, desconciertan y asustan a los dos hermanos que ven como la relación con sus abuelos es cada vez más brusca y peligrosa, sucesos y comportamientos que su madre, con la que se comunican por Skype, los otorga a su vejez.

El director sorprende en la equidad y correspondencia de los momentos inquietantes y humorísticos, unidos durante gran parte de la película. Algunas escenas perturbadoras y sorprendentes acaban de una manera cómica y divertida al ser tan desconcertantes (incluso el giro marca de la casa), un aspecto que el director había utilizado muy poco en sus filmes previos. El personaje de Tyler, el hermano pequeño, es también un añadido cómico con sus rapeos improvisados y sustituyendo insultos por nombres de cantantes.

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En un segundo plano, en medio del miedo y el humor, tiene cabida un trasfondo dramático. El documental que prepara Becca hace la función de puente-panacea entre la incomunicación existente entre su madre y sus abuelos con el objetivo, por medio de entrevistas, de conocer el motivo de esa separación, propósito que los ancianos no quieren esclarecer ni hablar si no es en forma de relato, como quiere la abuela. Shyamalan presenta a una familia desestructurada con unos hijos que no entienden, sobre todo Becca, porque su padre los dejó. El rencor destaca en varios tramos de la película.

‘La visita’ se disfraza de documental para tratar temas como la locura y la familia bajo una atmósfera aterradora con altas dosis de humor. Shyamalan regresa a su cine más íntimo y personal con una historia sencilla, pero bien desarrollada que entretiene y ofrece escenas memorables de un director que cuida mucho la puesta en escena y a sus personajes.

Sergio Montesinos

2 Respuestas a “CRÍTICA: La visita (2015)

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