CRÍTICA: Tomorrowland: El mundo del mañana (2015)

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2 y medio estrellas

Título original: Tomorrowland. País: EE.UU. Año: 2015. Duración: 130 min. Dirección: Brad Bird. Guión: Damon Lindelof, Brad Bird, Jeff Jensen). Música: Michael Giacchino. Fotografía: Claudio Miranda. Reparto: Britt Robertson, George Clooney, Hugh Laurie, Raffey Cassidy, Judy Greer, Kathryn Hahn, Lochlyn Munro, Chris Bauer, Tim McGraw, Paul McGillion, Raiden Integra. Productora: Walt Disney Pictures / A113 / Babieka. Fecha de estreno (España): 29/05/2015.

Una adolescente inteligente y optimista llena de curiosidad científica y un antiguo niño prodigio inventor hastiado por las desilusiones se embarcan en una peligrosa misión para desenterrar los secretos de un enigmático lugar localizado en algún lugar del tiempo y el espacio conocido en la memoria colectiva como “Tomorrowland”, y así salvar a la Humanidad.

En el año 2015 Brad Bird, experto en cine de animación (‘Los Increíbles’, ‘Ratatouille’), escribió y dirigió para Disney esta aventura futurista dirigida para toda la familia y que supuso su rechazo a dirigir la nueva entrega de ‘Star Wars’. A la espera de conocer la versión de J.J. Abrams, todo apunta a que la decisión de Bird no puedo ser menos acertada.

Disney's TOMORROWLAND

No empieza mal ‘Tomorrowland’, como una divertida e inventiva alegoría sobre el futuro y el valor de las ideas para la construcción de utopías y sociedades perfectas. El tono, despreocupado y desenfadado, impera desde su inicio, con diálogos a cámara, interrupciones en la narración, planos congelados y un prólogo que se remonta hasta la infancia de sus protagonistas.

Bird imprime a la historia imaginación y un cierto halo de positivismo, pero en ningún momento se libra de esa sensación de producto prefabricado que últimamente desprenden gran parte de las producciones Disney.

La película, rodada parcialmente en la Ciudad de las Artes y las Ciencias, avanza entre correrías y explicaciones, construyendo un mundo de fantasía estimulante y hasta cierto punto emocionante, con destellos que parecen beber de la industria del video-juego, más concretamente de ‘Bioshock’. El primer y gran problema que encuentra ‘Tomorrowland’ se halla a nivel narrativo, ya que el filme no parece encontrar su destino hasta poco antes de su abrupto final, dejando una sensación de inicio constante. Algo parecido a como sucedió con aquel bodrio firmado por Ron Howard titulado ‘El Código Da Vinci’.

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Destaca la construcción de su utopía futurista, la partitura de Michael Giacchino y la entusiasta interpretación de Britt Robertson. Lástima que su último tramo no esté a la altura de las expectativas generadas con su simpático arranque. Al final se pierde en una conclusión poco inspirada, precipitada, rescatando personajes que aportan más bien poco por su simplismo tópico.

La escasa profundización en sus personajes y tramas más imprevisibles son exigencias que a día de hoy no se pueden pedir a un título de semejante liga. Pero la falta de emoción, y un final empalagoso e irrisorio hasta el extremo no se pueden perdonar en un filme destinado a llamar a las masas a las salas.

Esperemos que la futura saga de ‘Star Wars’ no se vea lastrada por los defectos que palidecen las últimas producciones del ratón Mickey.

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