RETROSPECTIVA: Solaris (1972)

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4 estrellas

Título original: Solyaris. País: URSS. Año: 1972. Duración: 165 min. Director: Andrei Tarkovsky. Guión: Friedrich Gorenstein y Andrei Tarkovsky (Novela: Stanislaw Lem). Música: Eduard Nikolay Artemiev. Fotografía: Vadim Yusov. Reparto: Donatas Banionis, Natalya Bondarchuk, Yuri Jarvet, Vladislav Dvorzhetsky. Productora: Mosfilm studios. Fecha de estreno (URSS): 20/03/1972. Fecha de estreno (España): 03/01/1979.

Corren los años de la Guerra Fría, las dos superpotencias del momento, EE.UU. y la URSS, se reparten territorios e influencias a la par que se disputan la hegemonía en todos los ámbitos existentes, incluyendo la carrera espacial. Los soviéticos toman ventaja con el primer satélite, el Sputnik, el primer animal en el espacio, la perra Laica, y el primer ser humano cosmonauta, Yuri Gagarin. Más tarde los estadounidenses se marcarían un tanto con la misión Apollo y el alunizaje de Neil Armstrong y Buzz Aldrin. Y en medio de esta vorágine por despuntar en lo tecnológico, de supremacía cultural y amplitud en lo ideológico, es cuando llegan dos de las mejores películas sobre el espacio de la historia. Primero la norteamericana (dirigida por el británico Stanley Kubrick) ‘2001: una odisea del espacio’, y unos años más tarde la “respuesta soviética”: ‘Solaris’.

Basada en la excelente novela homónima de Stanislaw Lem, la película de Tarkovsky narra el viaje del psicólogo Kris Kelvin a la estación espacial de Solaris. Su misión es hacer una evaluación del estado de la situación y ser testigo de primera mano de los extraños sucesos que allí tienen lugar debido al influjo del “océano pensante” del planeta Solaris. El misterio se irá intrincando con la aparición de ciertos visitantes del todo inesperados que atormentarán a los tripulantes de la estación.

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‘Solaris’ no es una película de fácil visionado. La obra de Tarkovsky es pretendidamente lenta y contemplativa, una mirada introspectiva a los personajes, una radiografía de los sentimientos, miedos y anhelos del género humano. Es pues más una película filosófica que un film de ciencia-ficción, a pesar de que se desarrolle en el espacio exterior y que haya ciertos elementos fantásticos. De hecho, aquel que busque algún atisbo de acción o de efectos especiales se va a llevar un buen chasco pues aquí no hay nada de eso, las dos horas y cuarenta minutos de metraje se desarrollan prácticamente en dos escenarios: la casa de los padres de Kelvin en la Tierra y la estación espacial. A pesar del gran trabajo de fotografía, apenas hay un par de tomas del espacio y una del océano protoplasmático del planeta Solaris que se repite en varias ocasiones. No es ‘Solaris’ cine espectáculo, no se desarrolla dentro de los parámetros del cine comercial. Su ritmo y sus pretensiones son bien diferentes: no busca llenar los ojos, sino la mente.

Tras un largo prólogo que tiene lugar en la Tierra previo al viaje de Kris Kelvin, en el que destaca el tratamiento y la importancia del entorno natural (en contraposición al artificial que veremos más adelante), nos adentramos en la misteriosa y desangelada estación espacial de Solaris. Con un evidente estado de abandono, la estación es presentada bajo una atmósfera opresiva y enrarecida, cuasi fantasmagórica, en la que los pocos inquilinos se mueven casi como espectros atrapados por sus propios miedos. Un ejercicio con tintes de terror psicológico con un buen número de elementos inquietantes, de imágenes sugerentes y un mal rollo que se aloja bien adentro y llega a poner el vello de punta.

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Es con los “visitantes” cuando se pone de relieve el verdadero tema de la película a través de una conseguida historia de amor y tragedia. Tarkovsky utiliza el posible contacto con una especie alienígena para hablar sobre el hombre y sobre lo que nos hace humanos. Una secuencia de ADN, un conjunto de átomos, ¿sólo es eso lo que define al ser humano? ‘Solaris’ plantea una serie de cuestiones que giran entorno a ese tema: las cualidades que conforman al ser humano, sus sentimientos, sus temores, su capacidad para amar. La conciencia humana a examen, sus verdaderas aspiraciones y necesidades más allá de la ciencia y el progreso. Una obra ciertamente humanista en la que lo fundamental ocurre más dentro de los personajes que fuera.

‘Solaris’ invita a la reflexión y la introspección, un ejercicio filosófico que se destapa al fin como un viaje al confín del universo para encontrarnos a nosotros mismos.

“En realidad no queremos conquistar el cosmos, lo que queremos es llevar la Tierra hasta sus confines. No necesitamos otros mundos… Al ser humano le hace falta otro ser humano”.- Dr Snawt.

Alfonso Gutiérrez Caro

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