CRÍTICA: Sin perdón (1992)

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Título original: ‘Unforgiven’. Año: 1992. Duración: 126 min. País: Estados Unidos. Director: Clint Eastwood. Guión: David Webb Peoples. Fotografía: Jack N. Green. Música: Lennie Niehaus. Reparto: Clint Eastwood, Gene Hackman, Morgan Freeman, Richard Harris, Jaimz Woolvett, Frances Fisher. Productora: Warner Bros. Pictures. Género: Western. Estreno (Estados Unidos): 07/08/1992. Estreno (España): 25/09/1992.

El nombre de Clint Eastwood siempre ha estado muy ligado al western. Fue Sergio Leone quien lo catapultó a la fama con tres películas que a día de hoy siguen siendo todo un referente en el género como ‘Por un puñado de dólares’, ‘La muerte tenía un precio’ y ‘El Bueno, El Feo y El Malo’. Es al propio director italiano y a Don Siegel, con el que coincidió en hasta en cinco ocasiones, incluyendo ‘Fuga de Alcatraz’ y ‘Harry, el Sucio’ (primera entrega de la saga de Harry Hartigan, el personaje insignia de Eastwood) a los que les dedicó ‘Sin perdón’. No era la primera incursión de Eastwood como director en un western, anteriormente ya había dirigido otros títulos pertenecientes al género, pero en este caso nos encontramos con una película que llegaba para revitalizar la temática a principios de los noventa.

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Es tras la desfiguración de una prostituta por dos vaqueros que sus compañeras deciden ofrecer una recompensa a quién esté dispuesto a matarlos. La noticia llega a oídos de diferentes pistoleros, uno de ellos es un joven llamado Schofield Kid que busca la ayuda de William Munny para encontrarlos y repartirse el dinero. Will, que en el pasado fue un ladrón y asesino despiadado, es un granjero viudo con dos niños pequeños que para mejorar su economía y su calidad de vida acepta la propuesta de Schofield, a los que les acompañará Ned Logan, viejo amigo de Will. Otro de los pistoleros que llegan al pueblo de Big Whiskey, lugar donde sucede el incidente, es Bob El Inglés, conocido por sus hazañas y su gran puntería al que le acompaña su biógrafo. El sheriff del lugar, Little Bill, contrario a la recompensa, se encarga de desarmar y castigar a todo aquel que quiera cobrarla.

‘Sin perdón’ se fundamenta por dos factores principales: la influencia que tienen las mujeres tanto en la historia como en propio protagonista y el paso del tiempo. Eastwood hace un homenaje al western (quién mejor que él con su experiencia para hacerlo) en un sentido doblemente crepuscular por sus amaneceres y atardeceres (el trabajo del director de fotografía Jack N. Green es espectacularmente bello) y por el significado poético de la decadencia. Gran parte de los personajes principales son ya mayores y la vejez ha mermado en sus vidas. El ejemplo más claro es el de Will al que le cuesta subir a caballo, cuidar de sus cerdos y que ha perdido la puntería de antaño, un hombre que consiguió cambiar gracias a su fallecida esposa Claudia, quien le curó de la bebida y de la maldad que le dominaba hasta regenerarlo y convertirse en una persona completamente distinta. Su fidelidad hacia ella es tan grande que rechaza un servicio gratis de las prostitutas. El filme busca además vulgarizar y rebajar la glorificación de la figura del pistolero, como sucede con Bob El Inglés, al que sus gestas del pasado recogidas en el libro ‘El duque de la muerte’ escrito por su biógrafo, le han convertido en un personaje reconocido y temido. Es el sheriff Little Bill, con el que llegó a coincidir, el que se encarga de desmentir todos sus logros y de desmitificarlo, ya que a fin de cuentas matar no es tan sencillo como parece.

Construida a partir de todos los elementos que conforman el género, desde los paisajes, los tiroteos, pasando por los bares de saloon, la película tiene una gran cantidad de diálogos profundos y melancólicos que remiten al pasado. De ellos hay uno que es especialmente significativo entre Schoefield Kid y Will momentos después de matar al vaquero que faltaba para conseguir la recompensa donde Kid le pregunta “¿Así era en los viejos tiempos Will, todos a caballo disparando, humo por todas partes, gente gritando sin parar, balas silbando?” a lo que Will responde con “Sí, así era”.

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El reparto se encarga de redondear una película con una atmósfera perfecta y un gran guión a cargo de David Webb Peoples. Del elenco toca destacar a los cuatro veteranos: Clint Eastwood, Gene Hackman, Morgan Freeman y Richard Harris. Eastwood es Will Munny, que pasa de tener miedo a la muerte a convertirse, corrompido por la venganza y el alcohol, en aquel monstruo del pasado que prometió no volver a ser, su mirada intimidante le delata. Little Bill (Hackman) es el dueño y señor de Big Whiskey, su carácter dictatorial y chulesco, le convierten a medida que transcurre el filme en el villano principal con el carisma que corresponde a un actor como Gene Hackman. Freeman, que interpreta a Ned Logan, es la imagen de la amistad entre su personaje y Will, antiguos compañeros de aventuras y catalizador del cambio de Will en el tramo final, por último Harris es Bob El Inglés, el pistolero charlatán que se ha creado una imagen falsa de sí mismo y que acaba siendo humillado.

Eastwood fue capaz de igualar (o, para algunos, incluso superar) todos aquellos míticos westerns de décadas anteriores con una película que destaca por su grado de emotividad y la psicología de sus personajes, antiguos pistoleros que se ven abocados a revivir el pasado una última vez. Una película obligatoria incluso para aquellos que no les guste el género.

Sergio Montesinos

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