CRÍTICA: Babadook (2014)

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3 estrellas y media

Título original: ‘The Babadook’. Año: 2014. Duración: 93 min. País: Australia. Director: Jennifer Kent. Guión: Jennifer Kent. Fotografía: Radek Ladzcuk. Música: Jed Kurzel.  Reparto: Essie Davis, Noah Wiseman, Daniel Henshall, Hayley McElhinney, Barbara West, Ben Winspear. Productora: Entertainment One. Género: Terror. Estreno (Australia): 22/05/2014. Estreno (España): 16/01/2015.

La crítica contiene spoilers de la película.

Durante varios años de mi infancia fui un niño muy miedoso, tenía pánico a la oscuridad y al monstruo que creía que me visitaba todas las noches. La única solución era que mis padres se quedaran conmigo hasta que me durmiera (si es que no lo había hecho antes en el sofá del comedor). Tapado por completo, cualquier ruido, por pequeño que fuese, me desvelaba y lo asimilaba con la presencia de ese monstruo al que llamaba ‘El Coco’ (como el de la nana), al que me imaginaba y veía en sueños como una mezcla entre el payaso de ‘It’ y todos los personajes de películas de terror imaginables. No pude evitar recordar ese pasaje de mi niñez en los primeros compases de ‘Babadook’ con el pequeño Samuel atemorizado por la criatura que ve en sus sueños yéndose a dormir a la cama de su madre Amelia.

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La figura del monstruo está tratada de diferentes formas en ‘Babadook’, filme que supone el debut de Jennifer Kent en un largometraje. La imagen de ese ser aparece inicialmente y de manera continuada en los sueños de Samuel, sin demasiada importancia para Amelia, pese al comportamiento insoportable de su hijo. Es la aparición del escalofriante libro de Mister Babadook el que desencadena todos los eventos cada vez más inquietantes que les irán sucediendo a madre e hijo. La película va disfrazándose y cambiando constantemente según le conviene. Más cercana al drama psicológico que al terror, juega entre lo que es real y lo que no, como si se tratara de un truco. Samuel vive en un mundo donde la magia es su principal hobby, mientras que Amelia trata de llevar la vida de ambos de la mejor manera posible, sin haber superado aún la muerte de su marido el día que nació Samuel, una baza que Kent sabe utilizar durante muchas fases de la película. La obsesión hacia un ente ficticio e irreal pasa a ser una amenaza real. La psicología de los dos personajes va muy ligada con la presencia de Babadook, la relación entre Amelia y Samuel no es precisamente una maravilla, ella no muestra amor o afecto por su hijo, un ‘bicho raro’ a ojos de su tía y su prima. La pérdida del cónyuge y el trauma que ello representa en Amelia es el principal factor para que el Babadook se adentre en ella y se alimente de sus miedos y su vulnerable estado mental.

La directora trata la aparición de Babadook de un modo metafórico, esa criatura es la que, durante mucho tiempo, Amelia ha ido engendrando en su interior al no poder superar el dolor de la muerte de su esposo, las alucinaciones y un carácter cada vez más agresivo y violento se apoderan de ella y la dominan. La utilización de un personaje malvado y terrorífico como excusa para mostrar un problema real surgido de la mente aleja a la película de otros filmes del mismo género donde la amenaza -el monstruo, ser o asesino de turno- está por encima de sus víctimas, prescindibles o carentes de importancia dentro de la historia, ‘Babadook’ se centra en los dos personajes para conocerlos y comprenderlos, es así como el espectador puede empatizar o identificarse con ambos.

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Dentro de ese drama psicológico-familiar que se expone tiene cabida el terror y para ello utiliza un elemento tan clásico y sobrecogedor como es la oscuridad, Kent escoge ocultar y no mostrar demasiado para generar tensión. Las apariciones visibles de Babadook son muy escasas, pero su presencia entre la negrura de la casa durante la noche es perceptible. Los típicos sustos generados por efectos sonoros con banda sonora de fondo con la intención de dar miedo se sustituyen por ruidos y susurros que se identifican con el monstruo. El gran trabajo de puesta en escena gracias a una impecable dirección fotográfica de Radek Ladczuk crea una atmósfera inquietante y perfecta para la historia. El impresionante apartado visual envuelve a los personajes de Amelia y Samuel en su conflicto materno-filial. Essie Davis, que interpreta a Amelia, ofrece una interpretación escalofriante, viva imagen de la locura y el desorden mental que va acrecentando su personaje, capaz de generar aún más miedo que el propio monstruo al que teme. Una madre invadida por la depresión que no ama como debería a su hijo Samuel de seis años (Noah Wiseman) (¿Hay algo más doloroso para un crío que ver como su madre no le quiere como le gustaría?). Un niño que pese a su terrible miedo al Babadook, mira de combatirlo con una arma hecha por el mismo para protegerse él y a (o de) su madre.

La profundización que se hace de los personajes le otorga a ‘Babadook’ una chispa de personalidad dentro de los clichés que utiliza, pero que Jennifer Kent sabe como emplearlos y presentarlos en escena. Una película de monstruos (internos) que no habitan ni debajo de camas ni en armarios.

Sergio Montesinos

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