CRÍTICA: Mr. Turner (2014)

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7 estrellas

Título original: ‘Mr. Turner’. Año: 2014. Duración: 150 min. País: Reino Unido. Director: Mike Leigh. Guión: Mike Leigh. Fotografía: Dick Pope. Música: Gary Yershon. Reparto: Timothy Spall, Paul Jesson, Dorothy Atkinson, Marion Bailey, Karl Johnson, Ruth Sheen. Productora: Focus Features International. Género: Drama/Biográfico. Estreno (Reino Unido): 31/10/2014. Estreno (España): 19/12/2014.

Vincent van Gogh, Frida Kahlo, Pierre-Auguste Renoir, Johannes Vermeer, Andrei Rublev o Jackson Pollock son algunos de los pintores cuyas vidas (o una parte de ellas) han sido trasladadas a la gran pantalla. Biopics que han querido mostrar la persona tras el artista, las obras de los cuales están expuestas en las mejores galerías y museos del mundo. Joseph Mallord William Turner fue uno de los pintores británicos más importantes de finales del siglo XVIII hasta mediados del XIX, el también británico y veterano director y guionista Mike Leigh (‘Secretos y mentiras’, ‘El secreto de Vera Drake’) se encarga de hacer un retrato del artista en ‘Mr. Turner’.

2014, MR. TURNER

Turner se nos presenta como un hombre dedicado por completo a sus obras para encontrar la perfección en sus lienzos en su estudio, un particular edén creativo. Su gran entusiasmo por el arte de la pintura choca con la completa indiferencia hacia sus ex-mujer e hijas a las que recibe en casa con mucha frialdad, en cambio siente un gran afecto por su padre con el que tiene una muy buena relación. El aislamiento personal que el mismo se impone le ha convertido en una persona tímida y poco sociable, dos aspectos que no evita que, tras convertirse en un reconocido pintor a lo largo de los años, se reúna con la alta sociedad británica y sea un respetado miembro de la Royal Academy of Arts donde tenía algunas de sus obras expuestas. Leigh hace un retrato intimista del pintor en una edad adulta que permite enseñar su lado más excéntrico y particular. Asiduo viajero en busca de inspiración con su inseparable libreta de bocetos en busca de paisajes para poder ilustrarlos, es un hombre solitario al que le cuesta revelar de un modo visible sus sentimientos, es en la muerte de su padre cuando por primera vez vemos llorar y emocionarse al personaje, un fallecimiento muy representativo por la unión y el amor que tenía hacia él. La pérdida de un ser querido es uno de los principales nexos de unión entre Turner y Mrs Booth, la propietaria de una pensión que el pintor regenta en uno de sus viajes habituales en un pueblo costero, mujer de la que se acaba enamorando y con la mantiene una relación hasta su muerte que le cambia su vida y su forma de ser.

Según puede verse en el filme, la vida de Turner no destaca por ser muy agitada, Mike Leigh procura hacer un pausado y profundo análisis del personaje y de sus características definitorias lo suficientemente interesantes para mantener el entretenimiento del espectador durante las dos horas y media de duración, pese a que haya momentos donde resulte algo intranscendente (Leigh ya ha demostrado en otras ocasiones que le gusta hacer películas largas). El gran tanto del director es convertir un filme sobre un pintor en un lienzo en imágenes, podría decirse que nos encontramos con una película metapictórica. La importancia de la luz para Turner -la presencia de sol en la primera escena y de las últimas del filme es una buena prueba de ello- le permite experimentar y estudiar su función para plasmarla posteriormente en sus cuadros consiguiendo unos tonos adecuados en unas obras donde la luz solar y los colores cálidos, sean de amaneceres o atardeceres reflejados también el mar –lugar fundamental en sus pinturas-, están muy presentes. El filme se beneficia de esa consideración de Turner para ejercerlo en muchas escenas donde la luminosidad las oxigena y hace acto de presencia de un modo omnipresente. El gran trabajo del director de fotografía, Dick Pope, permite captar algunos momentos como si se trataran de los cuadros que pinta el propio Turner. Hay transiciones de escenas que por unos instantes parecen óleos de paisajes de cuadros de manera que el espíritu del pintor está plasmado dentro de la película.

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Quien brilla con luz propia es Timothy Spall. El actor, que ya había trabajado anteriormente con Leigh, personifica perfectamente al pintor hasta llegar a convertirse en él. Observa, ilustra, gruñe, escupe a sus obras, Spall capta todas las extravagancias que describen a Turner y las exhibe durante la película. Del personaje destaca también la degradación que sufre por parte de una sociedad que años antes lo había idolatrado para acabar burlándose de él en obras de teatro. Es la relación, primero con su fiel sirvienta Hannah (Dorothy Atkinson) –enamorada de él en secreto- a la que utiliza como alivio sexual en alguna ocasión y sobre todo con Mrs Booth (Marion Bailey), su segunda mujer, que lo acompañará y cuidará hasta su fallecimiento, las dos personas más destacadas en una vida con más luces que sombras.

La belleza se manifiesta en el aspecto formal transformando ‘Mr. Turner’ en un gran cuadro dinámico en imágenes donde una paleta de colores cálidos y luminosos es tan protagonista como el pintor, uno de los artistas anglosajones más destacados del siglo XIX y que Mike Leigh se ha encargado de retratar a fondo y con delicadeza como si utilizara una brocha muy fina para destacar los detalles.

Sergio Montesinos

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