CRÍTICA: Gladiator (2000)

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Título original: Gladiator. Año: 2000. País: EE.UU. Duración: 150 min. Director: Ridley Scott. Guión: David Franzoni, John Logan, William Nicholson (Argumento: David Franzoni). Música: Hans Zimmer & Lisa Gerrard. Fotografía: John Mathieson. Reparto: Russell Crowe, Joaquin Phoenix, Connie Nielsen, Oliver Reed, Richard Harris, Derek Jacobi, Djimon Hounsou, Ralf Moeller, David Schofield, John Shrapnel, Tomas Arana, Spencer Treat Clark, David Hemmings, Tommy Flanagan, Sven-Ole Thorsen, Tony Curran, Giorgio Cantarini, Omid Djalili, Giannina Facio, Michael Sheen. Productora: Universal Pictures / Dreamworks Pictures / Scott Free Productions. Género: Drama / Aventuras. Fecha de estreno (España): 17/05/2000.

Decía ‘Gladiator’ que “lo que hacemos en la vida tiene su eco en la eternidad“. En cierta forma, parece tratarse brevemente de la autobiografía de su director. Con sonados fracasos tras su espalda, Ridley Scott parece vivir de unas rentas casi inagotables, ajenas a toda acusación por parte de un público al que le compensa ver el último proyecto del veterano cineasta sólo por haber sido este décadas atrás la mente ejecutoria de éxitos como ‘Blade Runner‘, ‘Alien‘, o sí, ‘Gladiator. La calidad de las mencionadas cintas es tal que, pese al paso del tiempo, siguen siendo referentes dentro del cine contemporáneo e, incluso algunas, salvadoras llamadas a resucitar un género ya considerado perdido. Como el denominado “cine de romanos”, el de la grandeza de los luchadores, el de ‘Ben-Hur‘ o ‘Quo Vadis’, el cine de la búsqueda de la libertad, del espíritu, del alma, de la familia, de la verosimilitud y de la crudeza. Como ‘Gladiator’.

Film "Gladiator" In United States In May 2000-

Porque esta, ‘Gladiator’, puede permitirse mirar de frente y sin absoluto reparo a las llamadas obras cumbres del género. Porque fue esta, “Gladiator”, la que propulsó, allá por el año 2000, superproducciones como ‘Troya’ o ‘Alejandro Magno’. Renaciendo del fracaso (ni primero ni último) que supuso ‘1492, La Conquista del Paraíso’, Scott, necesitado de un inminente éxito para volver al universo hollywoodiense, conseguía al fin volver a su estado de plenitud en una cinta satisfactoria en equilibrio y espectacular en la fidelidad de la recreación visual de una Roma gloriosa.

La Roma del año 180, la de un Imperio Romano dominante y al alza, contexto espacio-temporal donde convive Máximo (Russel Crowe). General más importante de todos los ejercitos, la confianza del emperador Marco Aurelio (Richard Harris) en él es tal que decide conferirle a Máximo el poder en caso de su muerte. Pero su hijo Cómodo (Joaquin Phoenix), heredero legítimo al trono y de escasos valores morales, no lo aceptará, estando dispuesto a hacer lo que sea necesario con tal de mantener su estatus, sea matar a su padre o tratar de asesinar a su antes amigo, Máximo.

Ganadora de 5 Oscars (Mejor Película, Actor Principal, Vestuario, Sonido y Efectos Visuales) y 2 Globos de Oro (Mejor Película Drama y Mejor BSO), ‘Gladiator’ proporcionaba una historia con todos los elementos cinematográficos disfrutables: amor, muerte, tensión, lucha y drama. Un filme que conseguía equilibrar la compleja ecuación entre calidad y comercialidad, sin que esto afectara a la riqueza final del producto, y sin que esto implique que hablamos de una cinta cercana a lo perfecto. Su epicidad, heroicismo y la complejidad de un argumento que auna conflictos políticos e intimistas tramas personales quedan parcialmente diluidos bajo el espectaculo visual propio de toda película firmada por Scott. El avance del metraje confirma como el fondo comienza a disminuir su importancia y relevancia, todo lo contrario a la imagen y el tratamiento cuidadoso de cada fotograma, si bien es cierto que, tratándose del ya mencionado cineasta, esta es una de las pocas películas de Scott donde podemos encontrar un guión solido. Interpretativamente, todo el peso recae sobre un Russel Crowe ciertamente inexpresivo, carente de emoción (pese a la ayuda que supone la magistral partitura de Hans Zimmer) en determinados momentos clave y menor si lo comparamos con su antónimo, Joaquin Phoenix. El histrionismo de este eleva a un personaje que, en su actuación, provoca repulsión y odio.

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Hay algo ciertamente característico y, por algunos, criticable en ‘Gladiator’. Es una película hecha para gustar, para premiar. ¿Y hay algo de malo en ello? Desde el primer momento, no oculta sus intenciones, y usa para ello todo recurso que ayude a crear una gran impresión, ya sea ambientación sublime o propulsión del sentido de la justicia y el honor bajo dos personajes con los que facilmente el espectador puede crear vínculos. Y tras este marco, la fotografía. Una cinta que encuadra de nuevo un género, que recupera para un modernizado Hollywood el halo de un falso clasicismo. Mérito tiene.

Lydia Martínez

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