CRÍTICA: Escobar: Paraíso perdido (2014)

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2 y medio estrellas

Título original: ‘Escobar: Paradise lost’. Año: 2014. Duración: 120 min. País: Francia. Director: Andrea Di Stefano. Guión: Andrea Di Stefano. Fotografía: Luis David Sansans. Música: Max Richter. Reparto: Josh Hutcherson, Benicio Del Toro, Brady Corbet, Claudia Traisac, Carlos Bardem. Productora: Alta Films. Género: Thriller. Estreno (Francia): 05/11/2014. Estreno (España): 14/11/2014.

Los biopics muestran diferentes etapas de los personajes, la mayoría de las veces como protagonistas absolutos de la historia, su historia. En ‘Escobar: Paraíso perdido’, el debut como realizador del actor Andrea Di Stefano, Pablo Escobar, el que fuera narcotraficante y líder del cartel de Medellín en Colombia, no es el protagonista principal de la película pese a ser el hilo conductor de la misma, sino Nick, un joven canadiense que vive en el país junto a su hermano y que se enamora de María, una chica del lugar que resulta ser la sobrina de Pablo Escobar.

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Que gran parte de la película transcurra desde el punto de vista del personaje de Nick hace que no sea una película biográfica al uso y que tenga un aspecto diferenciador del resto de filmes del mismo género. Una vez Nick consolida su relación con María, va conociendo poco a poco la figura de Escobar, un hombre con diversas caras. Un héroe al más puro estilo Robin Hood para los pobres a los que ayuda con su dinero basado en las exportaciones de cocaína de las que es uno de los mayores productores del mundo. Es también un patriarca en la familia y un líder y patrón para todos los que trabajan para él, un hombre al que le gustan las excentricidades como las recreaciones de dinosaurios en su mansión o tener el coche en el que asesinaron Bonnie y Clyde y mostrar su gran poder. Poco a poco más involucrado en su familia, Nick ve como su estatus crece hasta llegar a trabajar para Pablo en su mansión y convertirse en un hombre de su confianza, todo ello logra mostrar al verdadero Pablo Escobar, que no duda en hacer desaparecer (con la ayuda de sus sanguinarios y fieles sicarios) de la forma más despiadada a todo a aquel que le suponga un problema, incluido el Gobierno colombiano, para seguir manteniendo su  autoridad en el país. El filme engloba todos estos aspectos en la primera hora de película en un periodo de tiempo que va de principios de los ochenta hasta principios de los noventa, en que la trama amorosa entre Nick y María, necesaria en una primera instancia como punto de conexión entre él y Escobar, toma una importancia intranscendente para el desarrollo de la historia, sobre todo en la segunda hora de metraje, donde todo lo descriptiva que es la primera parte, posteriormente se ve evocado en un thriller que conecta con la misión que deben realizar Nick y los sicarios antes de que Escobar entre en la cárcel, mostrada al inicio del filme.

La segunda hora corrige el avance lento de la primera, para así enseñar, en un periodo de tiempo mucho más corto, el encargo que Nick ha de realizar. Es al no cumplir con la totalidad de la encomienda cuando todo se complica y la situación se tensa y la película cambia completamente de registro y con lo visto con anterioridad, donde la vida de Nick corre auténtico peligro. Un tramo muy interesante, que pese a contar con ciertos convencionalismos, no resulta tan previsible como parece en un principio. Di Stefano, que también se encarga del guión, muestra solidez en la exposición las imágenes, pero es irregular en la convergencia de diversos géneros de los que se construye. La película se ve perjudicada y traicionada por su planteamiento de querer mostrar a Pablo Escobar desde el personaje Nick, ya que este adquiere mucho más protagonismo en el segundo tramo, mientras que las apariciones de Escobar van a menos, siendo un personaje mucho más potente, inquietante e interesante que el de Nick, como demuestra en las escenas en las que aparece.

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El reparto y más en concreto Josh Hutcherson y Benicio Del Toro, son los encargados de llevar a flote toda la película. El primero (conocido por ser Peeta en ‘Los juegos del hambre’), que interpreta Nick, es el personaje principal, conductor y ojos de toda la historia, importante en un rol que cumple de manera correcta, pero que está muy por debajo de Del Toro, lo mejor de la película, metido en el papel de Pablo Escobar, el actor puertorriqueño, que hace varios años interpretó a otro reconocido personaje sudamericano como fue Ernesto ‘Che’ Guevara, permite, con su gran caracterización, introducirse en la piel del monstruo sin escrúpulos que fue Escobar. Resulta una verdadera lástima que no tenga más relevancia y profundidad en la película, ya que deja ganas de verlo mucho más en pantalla.

En ‘Escobar: Paraíso perdido’ Andrea Di Stefano cuenta una historia alejada de los biopics más convencionales, pero no acaba de convencer con una progresión irregular de la historia, sobre todo con un final muy deficiente. Benicio Del Toro, con una magnífica interpretación, y una última hora que se desarrolla de manera notable sobresalen en el correcto debut del italiano tras las cámaras.

Sergio Montesinos

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