CRÍTICA: ‘Filth, el sucio’ (2013)

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3 estrellas y media

Título original: ‘Filth’. Año: 2013. Duración: 97 min. País: Reino Unido. Director: Jon S. Baird. Guión: Jon S. Baird. Fotografía: Matthew Jansen. Música: Clint Mansell. Reparto: James McAvoy, Imogen Poots, Jamie Bell, Joanne Froggatt, Eddie Marsan, Jim Broadbent. Productora: Logie Pictures. Género: Comedia. Estreno (Reino Unido): 27/09/2013. Estreno (España): 31/10/2014.

Danny Boyle adaptó en 1996 la novela de Irvine Welsh ‘Trainspotting’, un veraz y potente retrato sobre el mundo de la droga, ahora casi 20 años después, otro libro de Welsh, ‘Escoria’, se convierte en película: ‘Filth, el sucio’. Entre ambos filmes se encuentran varias similitudes, las dos transcurren en una Escocia suburbial, los protagonistas recurren a las drogas como modo de evasión y recurren al uso de la voz en off a modo de narración en varias ocasiones, pero pese a que comparten algunos elementos, sus argumentos son completamente distintos. En ‘Filth’ el detective Bruce Robertson busca el deseado ascenso de sargento a detective, la investigación del asesinato de un joven japonés es su principal baza para conseguir no solo el ascenso, sino también volver con su mujer e hija.

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El inspector Robertson destaca por unas maneras y un comportamiento muy alejados de lo que debe ser un agente de la autoridad. Él mismo se encarga de presentar a sus compañeros como enemigos para el puesto como si se tratara de una carrera de caballos, (apuestas incluidas) donde él se cree el ganador indiscutible. Se acuesta con la mujer de uno de ellos, acosa telefónicamente a otra, va a prostíbulos, bebe, se droga y se encarga de crear conflictos entre sus colegas de departamento. Jon S. Baird, un director y guionista sin demasiados proyectos a sus espaldas, se hace cargo de mostrar a ese personaje absolutamente despreciable y dado a los excesos de todo tipo desde un punto de vista humorístico y desvergonzado. Robertson es un anti-héroe que vive en su mundo psicotrópico e irreal, él no es consciente de ello, pero el espectador en algunas fases de la película tampoco. El filme se adentra literalmente en la mente del inspector, un lugar oscuro que esconde un trauma infantil al que le acompañan visiones y una realidad muy alejada de la suya que se descubre pasada la hora de metraje.

El humor irreverente se apodera de la película con situaciones llevadas al extremo y que acaban derivando hacia una comicidad descarada que logran escenas divertidas y en algunos casos surrealistas, entendibles dentro de la tónica del filme. Pese a que el humor negro está muy presente, la historia va inclinándose poco a poco hacia el drama con la degradación y decadencia física y moral que sufre Robertson, que va asimilando que su aparente vida idílica no es tal, en un proceso de autodestrucción que parece inevitable. Dentro de su delirio, se encuentra unas alucinaciones que se encargan de animalizar con personajes que se corresponden a cuentos infantiles a todas las personas que le rodean, está la bruja, el lobo, el elefante, la oveja y por supuesto, el cerdo, que es como se ve el propio Robertson.

Al centrarse tanto en el personaje principal, en muchos momentos la película se acomoda en la ‘no-historia’, se encadenan escenas, pero no aportan información nueva ni del personaje ni de la trama, además la resolución del asesinato no deja de ser un mero macguffin.  Todo se basa en un montaje vistoso y ágil con una muy bien escogida banda sonora con temas como ‘Dr. Love’ de Tom Jones y Les Reed, ‘Love really hurts without you’ de Billy Ocean o ‘Silver Lady’ de David Soul (con cameo del cantante con número musical incluido).

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Si bien la película peca de previsibilidad en su parte final y por una falsa apariencia de originalidad, tiene la suerte de contar con un James McAvoy inmenso. El actor escocés ofrece un festival interpretativo con su papel de inspector Robertson, un personaje complejo dado su inestabilidad mental que McAvoy se encarga de llevar hasta niveles extremos con una gran variedad de gestos y acciones que consiguen que un personaje detestable como el que interpreta consiga caerle bien al espectador. Los secundarios también destacan, sobre todo Jamie Bell como el cocainómano inspector Lennox, Eddie Marsan, uno de los eternos y mejores secundarios británicos, en el papel del inocentón Bladesey y Jim Broadbent como el doctor Rossi, en un breve papel, pero importante para conocer mejor, desde un punto de vista onírico, a Robertson.

Como se comenta al principio de la crítica, ‘Filth, el sucio’ tiene elementos que recuerdan a ‘Trainspotting’, pero también a ‘Teniente corrupto’ de Werner Herzog, sobre todo por su protagonista. El de Baird es uno de esos filmes que son menos de lo que pretenden, pero su humor desenfrenado, una puesta en escena llamativa y un James McAvoy muy entregado logran que la película funcione y entretenga.

Sergio Montesinos

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