CRÍTICA: Dos días, una noche (2014)

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4 estrellas

Título original: ‘Deux jours, une nuit’. Año: 2014. Duración: 95 min. País: Bélgica. Director: Jean-Pierre Dardenne, Luc Dardenne. Guión: Jean-Pierre Dardenne, Luc Dardenne. Fotografía: Alain Marcoen. Reparto: Marion Cotillard, Fabrizio Rongione, Pili Groyne, Simon Caudry, Catherine Salée. Productora: Archipel 35. Género: Drama. Estreno (Bélgica): 21/05/2014. Estreno (España): 24/10/2014.

Hablar de los Dardenne es hablar de cine social. En su filmografía, los veteranos hermanos belgas se han basado en mostrar historias veraces protagonizadas por personajes marginales y poco favorecidos que viven su vida alejados de los estándares sociales. Un género caracterizado por la crítica y la denuncia de la sociedad desigual e injusta en la que vivimos y más ahora donde la crisis económica está tan presente. Una crisis que afecta ferozmente en el ámbito laboral, empresas que por una bajada sustancial de la producción despiden a sus trabajadores, con lo que supone quedarse en paro y la gran dificultad de volver a encontrar un trabajo capaz de cubrir la gran cantidad de gastos. Los Dardenne aprovechan la difícil situación actual para explicar la historia de una mujer que pide a sus compañeros de trabajo que rechacen una prima y así evitar que la despidan.

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En ‘Dos días, una noche’ se parte de un dilema moral como en anteriores películas de los directores, pero en esta ocasión son los 16 compañeros y compañeras de trabajo de Sandra, la protagonista, los que tienen que decidir en una votación si quieren quedarse con una prima extra de 1000 € o bien renunciar a ella para que Sandra no sea despedida y pueda quedarse en la empresa. La función de Sandra es hablar y visitar a cada uno de ellos para intentar convencerles de que voten por ella y no por la prima, en un viaje que se convierte en una lucha individual para conseguir la solidaridad y la comprensión de sus compañeros. Los Dardenne otorgan a la película una estructura reiterativa, el discurso de Sandra se repite (en ocasiones incluso de manera exacta) una y otra vez con el objetivo de cambiarles la opinión para no perder un empleo que le complicaría en exceso llegar a fin de mes. Dicha repetición que se corresponde con el planteamiento de la película, no llega a hacerse cansina, las respuestas de sus compañeros son mucho más que unos simples ‘sí’ o ‘no’, ya que muestran en qué situación se encuentran. Personas a las que esos 1000 € extra les sirve para cubrir gastos diversos y en algunos casos ayudan cuando sólo es un miembro de la familia el que está trabajando. Unas decisiones influenciadas previamente por uno de los directivos que amenazó a que si votaban a favor de que Sandra se quedase otro sería el despedido y que muestra los pocos escrúpulos que tienen las empresas hacia sus trabajadores.

Las decisiones de sus colegas de empresa afectan de manera significativa en Sandra, un personaje con serios problemas emocionales que ha pasado por un periodo de baja laboral por depresión. Al ser considerada vulnerable, débil e incapaz de seguir trabajando en plenas condiciones por los altos cargos de la corporación, es la elegida para ser la persona despedida. Las respuestas afirmativas le sirven para seguir con su tour de 48 horas en un fin de semana (los dos días y una noche del título) en busca de la benevolencia y solidaridad de sus compañeros, pero cuando las declaraciones son negativas, cae en pensamientos negativistas y autodestructivos (se considera ella misma como una mendiga y una ladrona) y en el excesivo consumo de fármacos para eliminar la ansiedad que le produce la situación. Los Dardenne han creado y descrito a una protagonista que, pese arrastrar una pesada fragilidad interior, es capaz de luchar por su derecho de mantener su trabajo a base de insistencia y perseverancia.

El filme contiene varios factores habituales en el cine que realizan los dos hermanos, uno de ellos es su facilidad de retratar temas esencialmente dramáticos con sencillez. ‘Dos días, una noche’ es una película muy simple a lo que respecta a su argumento, muestra sus cartas desde su inicio y no hay subtramas que desvíen las intenciones de la película, que son ante todo muy honestas. No es un filme que busque generar un discurso panfletista o bien manipular al espectador, lo que consigue indirectamente es que el público se identifique con la situación de Sandra y se ponga no sólo en su lugar, sino que reflexione qué decisión tomaría si fuese uno de sus compañeros. Otro de los elementos destacables es la representación de la intimidad tan cercana y veraz que realiza de la protagonista tanto a nivel personal como familiar, especialmente con su marido, que le acompaña en varias ocasiones. Una historia que si bien sucede en Bélgica, podría ocurrir en cualquier otra parte, la localización de la acción es lo de menos.

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Dentro de la historia minimalista pero sólida, está Marion Cotillard, la omnipresente protagonista, con un plano suyo se empieza y se acaba la película, encargada de mostrar ese torbellino de emociones que es Sandra, ahogada en la ansiedad de ver como puede quedarse sin empleo, un factor que complicaría mucho la vida a su familia que depende de su sueldo. Cotillard es una actriz que se encuentra cómoda en el género dramático, en esta ocasión ofrece una elogiable interpretación que consigue elevar el nivel de emotividad de la historia, pero sin buscar un sentimentalismo extremo. En un papel secundario pero importante para la protagonista se encuentra Fabrizio Rongione, habitual en la filmografía de los Dardenne, que interpreta a Manu, el marido de Sandra, que tiene el objetivo de motivar a su mujer para que busque concienciar a sus compañeros, un personaje que puede considerarse como un antidepresivo para Sandra, mucho más sano que un medicamento.

Luc y Jean-Pierre Dardenne siempre buscan hacer un cine que busca plasmar de un modo verídico, agridulce y esperanzador historias centradas en las diferentes decisiones que toman sus personajes, en ‘Dos días, una noche’ han querido representar la supervivencia laboral, donde la necesidad y la búsqueda de la solidaridad se unen para mostrar un cine comprometido, un cine necesario.

Sergio Montesinos

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