RETROSPECTIVA: 12 hombres sin piedad (1957)

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4-y-media estrellas

Título original: 12 angry men. País: EE.UU. Año: 1957. Dirección: Sidney Lumet. Guión: Reginald Rose. Música: Kenyon Hopkins. Fotografía: Boris Kaufman. Reparto: Henry Fonda, Lee J. Cobb, E. G. Marshall, Jack Warden, Ed Begley, Martin Balsam, John Fiedler, Robert Webber, Jack Klugman, Edward Binns, Joseph Sweeney, George Voskovec. Productora: Metro-Goldwyn-Mayer. Género: Drama. Fecha de estreno (EE.UU.): 10/04/1957. Fecha de estreno (España): 03/02/1958.

A priori parece difícil que una película en la que doce tíos encerrados en una habitación hablan sin parar durante hora y media sea una de las mejores que podáis ver en vuestra vida. Pero lo es. Que una película que transcurre en apenas diez metros cuadrados sin más atrezo que una mesa, unas sillas y unas ventanas ofrezca tales dosis de intriga, emoción e incertidumbre. Pero creedme, las ofrece. Parece mentira que una película en blanco y negro que tiene más de cincuenta años ponga de relieve temas capitales sobre el ser humano que aún hoy te hacen replantearte tu opinión el estado de la justicia. Pero sí, ’12 hombres sin piedad’ lo hace.

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No soy un gran aficionado a las películas de juicios, y eso me hizo reticente a verla durante un tiempo, pero cuando me decidí bastó con visionar el primer minuto para engancharme por completo. En realidad ’12 hombres sin piedad’ no es una peli de juicios al uso, desde luego hay alguien que está siendo juzgado, un joven acusado de matar a su padre, pero no se centra en una sala de justicia con sus abogados, sus testigos o los martillazos del juez. Nada de eso. La acción de ’12 hombres sin piedad’ se explaya en los entresijos de la sala del jurado popular, un grupo de doce hombres de variopinta opinión, aspecto, edad, orígenes e ideales, que tendrán que ponerse de acuerdo para salvar o sentenciar a muerte al reo.

Es en la diversidad de los puntos de vista, en el debate y la discusión, donde se encuentra la base de la película de Lumet, el eje sobre el que se desarrolla todo lo demás. El jurado número 8 (Henry Fonda) pone la nota discordante en la primera votación presentando una duda razonable que siembra la incertidumbre en el interior del resto de jurados, hasta ese momento plenamente convencidos de la culpabilidad del acusado. Puede que sí lo hiciera, que el joven acuchillara a su padre, pero también puede que no. ¿Puede alguien decir al cien por cien que las pruebas son concluyentes? ¿Puede alguien fiarse al cien por cien del testimonio de los testigos? ¿Acaso no hay mil y un detalles que pueden hacer que un testimonio sea tergiversado? ’12 hombres sin piedad’ pone de relieve la dificultad que conlleva todo juicio, las dudas que plantean cada acción, los prejuicios que tenemos hacia personas de otra clase social, la importancia de la percepción individual y cómo esta puede transformar los hechos según el prisma desde el que se mira. También pone su foco de atención sobre el distinto nivel de compromiso de las personas, presentando unos jurados realmente interesados en llegar a la verdad mientras que otros son veletas que se acercan al sol que más calienta en cada momento pues lo que desean en realidad es llegar un veredicto cuanto antes para salir e ir a ver un partido de béisbol.

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Sidney Lumet ofrece un descarnado retrato psicológico de personajes apoyándose en un excelente guión de Reginald Rose, quien adapta su propia obra teatral. El guión pone el dedo en la llaga criticando tanto el sistema judicial norteamericano como la pena capital a través de una discusión apasionante plena de diálogos certeros e inesperados giros que hacen que la película siempre tenga un máximo interés y consiga involucrarte como uno más en la sala, convirtiéndote en el jurado número 13. La labor de todos y cada uno de los actores, de estos ‘12 hombres enfadados’, es encomiable. A destacar, como no podía ser de otra forma, la interpretación de Henry Fonda como el ‘angelical’ número 8, con sus excelentes modales, sus interesantes razonamientos y su inmaculado traje blanco. En el otro espectro tenemos a un gran Lee J. Cobb dando vida a un tipo enérgico y visceral que no contempla otra opción que no sea enviar al joven acusado a la silla eléctrica.

’12 hombres sin piedad’ es una de esas películas que dejan poso en el espectador, que despiertan el intelecto y hacen pensar. Además es una obra apasionante que radiografía con precisión el alma humana y sus distintas variantes, motivaciones y valores. Una puerta abierta al debate.

Por una razón u otra los prejuicios siempre ofuscan la verdad. Una verdad que no conozco y que es probable que nunca conozca’ – Número 8.

Alfonso Gutiérrez Caro

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