CRÍTICA: Betibú (2014)

Betibu

3 estrellas

Año: 2014. Duración: 99 min. País: Argentina. Director: Miguel Cohan. Guión: Ana Cohan, Miguel Cohan (Novela: Claudia Piñeiro). Música: Federico Jusid. Fotografía: Rodolfo PulpeiroReparto: Mercedes Morán, Alberto Ammann, Daniel Fanego, José Coronado, Carola Reyna,Lito Cruz, Marina Bellati, Norman Briski, Mario Pasik, Gerardo Romano, Osmar Núñez. Productora: Haddock Films / Tornasol Films. Género: Thriller / Drama. Estreno (España): 12/09/2014.

El ser humano parece tener una apremiante sed por plantearse cuestiones y, ante todo, resolverlas. Como si de un misterio en sí se tratara, encaja las piezas de un rompecabezas que a veces no tiene solución, y aún así trata de preguntarse por qué. Por qué hay veces que no existen porqués ni respuestas, sino vacíos, situaciones o en este caso películas, más que finales, simplemente abiertas. Con la realidad superando a la ficción, y la ficción superando a todo cliché escrito sobre thrillers policiacos, resurge el cine negro argentino de las manos de ‘Betibú’, y de la pluma de ella misma, Betibú, Nurit Iscar (Mercedes Morán), dama de la novela policiaca argentina. Atrapada por una inquietud profesional ausente desde hace tiempo, la veterana escritora se deja convencer para comenzar a escribir en El Tribuno, uno de los diarios de mayor tirada del país, artículos sobre uno de los casos periodísticos del año, el asesinato de Pedro Chazarreta. Poderoso empresario argentino, el que fuera acusado de homicidio a su mujer es ahora hallado asesinado en su casa de la apacible finca de La Maravillosa, y es en esta finca de apacible nombre e intranquilo paradero donde nuestra protagonista comienza la investigación de un caso que cambiará su mundo interno.

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Cocinada a un fuego excesivamente lento, Miguel Cohan, director de la cinta, construye en ‘Betibú’ un thriller de apariencia atractiva que combina con precisión contrastes y ambigüedades. Elementos propios de la dinámica periodística y las investigaciones más sombrías con el inaccesible mundo de las negociaciones en altas esferas políticas y empresariales. El ‘Castle’ del periodismo en un film carente del sentido del humor y la capacidad de ironizar sobre sí mismo que goza el primero. Y es que a pesar de estar finamente hilado, solo entre los recodos logramos vislumbrar aquello que tanto nos gustó de ‘El Secreto de sus ojos’ o ‘Tesis sobre un homicidio’. El sello de un cine argentino puro, de género, rehusado a participar del juego hollywoodiense y aún así sin nada que envidiarle a este.

Más interesante que el asesinato y descubrimiento del culpable en sí, resulta el trasfondo geopolítico de la zona. En el lado corrupto de Argentina, la cinta relata sin pudor los poderes visibles e invisibles, los cambios inexplicables y los pactos cuestionables, desviando poco a poco el foco de la cuestión de la resolución de un enigma al que faltan piezas por descubrir hacia el circuito cerrado de contactos, amistades y círculos personales que conforman las altas esferas argentinas. Ahondando en ello, más que el asesinato, resulta interesante las complejas relaciones personales conformadas entre los vértices de un poliedro cerrado al que el paso del tiempo no ha significado el fin de todo daño causado. Lorenzo (José Coronado), Nurit, Brena (Daniel Fanego) o Saravia (Alberto Ammann) no tratan sólo de resolver la historia, sino también de resolverse a ellos mismos y a lo que eso implica para los demás.

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No nos equivoquemos. En segunda línea quedan conflictos y posibles triángulos amorosos cuando nos aproximamos al verdadero leivmotiv de la cinta. El por qué de su auténtico funcionamiento. El ensamble entre veteranía y juventud, contactos, energía e imaginación hacen de ese improvisado equipo que forman Brena, Saravia y Nurit un eje fundamental en la historia, un conjunto de interpretaciones que, junto a la otorgada por José Coronado, conforman el veradero placer de la producción. El rejuvenecimiento de unos contrasta con el crecimiento en madurez de otros, mientras paso a paso y pista a pista, todos se van acercando al desenlace de la historia. A un desenlace cuestionable. Frívolo. Carente de sentido, quizá. Inconexiones convertidas en intrincadas redes, siendo la propia red la que revela a su creadora araña.

Irónicamente, en su previsibilidad se aleja de todo lo escrito en el género. El primer giro de trama no sirve sino para introducir un segundo giro aún más revelador que la aleja del género policiaco y la aísla en un terreno peligroso, sombrío, temeroso y de mayor interés para el espectador. No hablamos de un final abierto, sino de una película como tal en su plenitud y totalidad. Error, acierto y ante todo mérito, Cohan trata de abarcar tantos campos que en cuestiones materiales la trama resulta imposible de cerrar, pero sí de posibilitar al espectador que saque conclusiones y cree su propio final. Un final con porqués. Un final sin porqués. Pero, individualmente, como toda historia, trama o asesinato, sea ficción o realidad, un final.

Lydia Martínez

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