CRÍTICA: Open Windows (2014)

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Título original: ‘Open Windows’. Año: 2014. Duración: 100 min. País: España. Director: Nacho Vigalondo. Guión: Nacho Vigalondo. Fotografía: Jon D. Domínguez. Reparto: Elijah Wood, Sasha Grey, Neil Maskell, Adam Quintero, Ivan González, Jaime Olias, Rachel Arieff, Jake Klamburg. Productora: Wild Bunch, Apaches Entertainment, Antena 3, Woodshed, EITB, Canal +. Género: Thriller. Fecha de estreno (España): 4/7/2014.

En la época de la sobreinformación, espías informáticos y saturación de cámaras es lógico que una película como ‘Open Windows’ haya ocasionado un enorme revuelo mediático. El tercer film de Nacho Vigalondo no sólo medita sobre las tres cuestiones citadas mediante un argumento propio del thriller de secuestros y rescates. La proeza de Vigalondo se identifica con el mecanismo visual que ha escogido para rodar su largometraje. Si en ‘Hermosa juventud’ Jaime Rosales introducía en medio de la trama una posible visualización de la pantalla de los móviles de los protagonistas para aportar más información sobre sus vidas, en ‘Open Windows’ los cien minutos de metraje están percibidos desde la pantalla del ordenador de Elijah Wood y, más adelante, desde un Smartphone.

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Nick Chambers (Elijah Wood) espera en una habitación de hotel a qué le den instrucciones para poder asistir a una cena íntima con la estrella de cine Jill Goddard (Sasha Grey), tal y como estipulaban las reglas del concurso que ganó. Elijah Wood es el fundador de una de las miles de webs de la actriz que circulan por Internet. El espectador de ‘Open Windows’, encarnado en el plasma del portátil de Elijah Wood, visiona todo lo que el fiel fan de Jill Goddard visita en Internet para hacer más amena la demora. Mientras sigue la conferencia de prensa de la nueva película de su estrella favorita en streaming, repasa el tráiler y procura multitud de capturas de pantalla con la intención de subirlas a su web, una extraña videollamada se filtra en su ordenador. Vemos por primera vez el rostro de nuestro futuro héroe gracias a ese misterioso contacto audiovisual en que se le informa de que Sasha Grey ha cancelado la cita. El desconocido interlocutor de Elijah Wood no quiere identificarse, pero le ofrece la posibilidad de vengarse dado que él es un ingenioso hacker que puede hacer realidad todos sus deseos. El fan desdichado acepta llevar a cabo esa vendetta agridulce sin percatarse de que el espía informático que da vida Neil Maskell lo está manipulando emocionalmente con otros fines.

El público de ‘Open Windows’ asiste a un despliegue de micro ventanas en la pantalla del cine, tal y como el dueño del ordenador estaría viendo en ese momento. El hacker le facilita información confidencial y le da acceso a múltiples cámaras: desde los dispositivos de seguridad del hotel donde se encuentra a la cámara del móvil o la del ordenador de Sasha Grey. Neil Maskell es un especie de Morfeo que guía a su elegido en un laberíntico Matrix que, a pesar de ser mucho más inteligible que el de los ceros y unos de los hermanos Wachowski, el joven fanático domesticado sigue sin ser capaz de entender por sí solo y precisa de la ayuda de su ignoto cicerone.

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A medida que transcurre la trama a un ritmo estrepitoso, Elijah Wood descubre que esa inmediatez y facilidad para adquirir cualquier cosa en la era informática puede desvelar oscuros secretos o traer consigo desastrosas consecuencias. Igual que aquel David Hemmings que detectaba en 1966 las pistas que conducían a un asesinato gracias a una novedosa técnica fotográfica para ampliar la imagen en ‘Blow-Up’, Elijah Wood se da cuenta de que la tecnología es un arma de doble filo. Más allá de las similitudes con el film de Michelangelo Antonioni, si hay una película de culto con la que debemos relacionar ‘Open Windows’ es ‘La ventana indiscreta’ de Alfred Hitchcock. Muchos críticos han bautizado ‘Open Windows’ como ‘La ventana indiscreta’ del siglo XXI puesto que las ventanas de Vigalondo no hacen referencia a una ventana física como la que James Stewart utilizaba para espiar a un homicida, sino micro ventanas que un hacker abre en el ordenador de Elijah Wood. Ambos largometrajes ejemplifican el terror de todo voyeur: las ventanas físicas y las ventanas digitales sirven para ver, pero también para ser vistos.

Nacho Vigalondo elabora una inquietante reflexión sobre los límites socialmente aceptados que un ser humano debe respetar para convivir con sus semejantes, unas fronteras desdibujadas que por mucho que los personajes principales de sus películas intenten no cruzar, sus pulsiones siempre vencen su sentido común. Si en ‘Los cronocrímenes’ Karra Elejalde se ve envuelto en un caos espacio-temporal por culpa del deseo de ver y tocar el cuerpo de una mujer desnuda, en ‘Open Windows’ se retoma la crítica hacia el deseo colectivo de ver aquello que permanece invisible traducido a las patologías de nuestra contemporaneidad. El morbo del espectador de ‘Open Windows’ no es ver desnuda a una actriz porno retirada, sino obtener información sobre la vida privada de ésta.

Carlota Moseguí (@carlota_mosegui)

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