CRÍTICA: Transcendence (2014)

transcendence_cartel2-790x1128

Título original: ‘Transcendence’. Año: 2014. Duración: 119 min. País: Estados Unidos. Director: Wally Pfister. Guión: Jack Paglen. Fotografía: Jess Hall. Música: Mychael Danna. Reparto: Johnny Depp, Rebecca Hall, Paul Bettany, Kate Mara, Morgan Freeman, Cillian Murphy, Cole Hauser, Clifton Collins Jr. Productora: Warner Bros Pictures / Alcon Entertainment. Género: Ciencia ficción. Estreno (Estados Unidos): 18/04/2014. Estreno (España): 19/06/2014 {FICHA EXTERNA}.

A día de hoy, la sociedad está ligada a la tecnología de una manera tan extrema que nos hemos vuelto completamente dependientes de ella, solo hace falta mirar a nuestro alrededor para comprobarlo. La tecnología ha hecho la vida más fácil y más cómoda, todos estamos comunicados, o mejor dicho, conectados. Herramientas como internet y actualmente las redes sociales o los propios smartphones han provocado que las relaciones presenciales cara a cara se conviertan en una comunicación puramente virtual. Pese a ello, no hay que ignorar los grandes avances tecnológicos en campos tan importantes como los de la ciencia o la medicina que ayudan a combatir diferentes enfermedades con el descubrimiento de nuevos antibióticos. Otro ejemplo es el del campo de la inteligencia artificial en el que los humanos llevan muchos años trabajando para conseguir que las máquinas consigan pensar y razonar por sí mismas e ir más allá de lo establecido, lo que se conoce como transcendencia.

En ‘Transcendence’, el doctor Will Caster, especializado en inteligencia artificial, investiga la manera de crear una máquina inteligente con una capacidad analítica mayor a la inteligencia colectiva de todos los seres humanos. Un miembro de RIFT, un grupo terrorista anti-tecnológico, le dispara con una bala envenenada, antes de que muera, su mujer Evelyn y su amigo Max Waters deciden cargar su cerebro a un superordenador. Cuando el experimento da resultado y Will se convierte en una máquina, se expande a través de la red para aumentar su conocimiento donde las consecuencias son tan desconocidas como imprevisibles que pueden suponer una evolución en la era tecnológica.

La película supone el debut tras las cámaras de Wally Pfister, director de fotografía de todas las películas de Christopher Nolan a excepción de ‘Following’, su ópera prima. No parece casual que la primera película de Pfister como director trate uno de los temas más recurrentes de gran parte de la filmografía de Nolan: la mente. En ‘Memento’, el protagonista sufre amnesia anterógrada que no le permite almacenar nuevos recuerdos y solo tiene la ayuda de fotografías y de mensajes tatuados en la piel para recordar. En ‘Insomnio’, el personaje de Al Pacino padece de insomnio y le provoca alucinaciones, pero es en ‘Origen’ donde la mente adquiere un total protagonismo, con la capacidad de adentrarse en el subconsciente de una persona para poder apropiarse o introducir una idea. En ‘Transcendence’, la mente del doctor Caster es trasladada al mundo virtual, creando de ese modo un Dios digital capaz de hacer avanzar la tecnología hacia niveles inimaginables.

Si bien Pfister trata de imitar la manera filmar de Nolan, su talento para captar las imágenes en sus anteriores trabajos no se traslada en esta ocasión en la narración. Justamente el desarrollo de la historia es uno de los grandes males del filme, que no sabe aprovechar la atractiva premisa inicial. Es un filme tan ambicioso que quiere ser muchas cosas a la vez, no solo ciencia ficción, sino también un thriller tecnológico e incluso un drama con tintes románticos. Todo resulta demasiado convencional y hueco pese a que trata un tema interesante y avanza de una manera torpe y tan lenta que la película requiere de una elipsis temporal de 2 años en la historia para intentar agilizar lo máximo posible. Durante ese periodo de tiempo, Will ha ampliado sus capacidades cognitivas gracias a la creación de un parque tecnológico subterráneo en una ciudad con muy pocos habitantes donde prosigue con sus experimentos basados en la nanotecnología, todo ello construido por el amor incondicional que su mujer Evelyn siente por él. La relación del matrimonio Caster recuerda a la historia de amor de la reciente ‘Her’ de Spike Jonze entre Theodore y el sistema operativo llamado Samantha con la diferencia que si aquel sistema operativo era capaz de razonar, pensar y amar como un ser humano, en realidad no lo era, algo que sí era Will, un aspecto que la película no acaba de explotar en ningún momento salvo al final y que, paradójicamente, resulta una relación menos auténtica que la de la película de Jonze.

Los problemas del guión no se ciñen únicamente en la historia, sino también en la descripción y la evolución de los personajes. El propio Will, que debería aparentar la terrible amenaza mundial que los miembros de RIFT no se cansan de repetir a lo largo de la película, parece poco intimidador si se compara con un sistema mucho más primitivo como el HAL 9000 de ‘2001: Odisea en el espacio’ de Kubrick. Evelyn tarda demasiado en darse cuenta que su marido ha dejado de comportarse como un humano e incluso los integrantes del grupo terrorista pasan de ser los villanos por asesinar a Will y atentar en diferentes corporaciones tecnológicas a colaborar junto al ejército y amigos de Will para acabar con él, en unas escenas de acción bastante pobres.

Las incoherencias son tales que el magnífico reparto, con algunos colaboradores de la filmografía de Christopher Nolan, que aquí hace las funciones de productor ejecutivo, poco puede hacer para reflotar la película. Johnny Depp, protagonista y principal atractivo del filme, está completamente desubicado en su papel, resulta más convincente cuando interpreta a una máquina que en las pocas escenas que sale en persona como experto en inteligencia artificial. El resto de intérpretes tampoco destacan en exceso por culpa de unos papeles excesivamente planos, es una lástima ver desaprovechados a actores y actrices de la talla de Rebecca Hall (co-protagonista junto a Depp), Cillian Murphy, Kate Mara o Morgan Freeman. Solo Paul Bettany, que interpreta a Max, el amigo de la pareja protagonista, encargado de abrir y cerrar la película, resulta un personaje interesante y coherente en la historia.

El que debía ser el gran estreno tras las cámaras de uno de los directores de fotografía más destacados de la actualidad, se convierte en una película pretenciosa y mediocre, que desperdicia una idea interesante y unos buenos primeros minutos por culpa de un guión poco desarrollado que perjudica tanto a la historia como a las interpretaciones de los actores. El alumno (Pfister) ha querido emular al maestro (Nolan) y la copia se ha quedado en una mera caricatura.

Sergio Montesinos (@Sergiomc90)

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s