CRÍTICA: Nueva vida en Nueva York (2013)

Título original: ‘Casse-tête chinois’. Año: 2013. Duración: 117 min. País: Francia. Director: Cédric Klapisch. Guión: Cédric Klapisch. Fotografía: Natasha Braier. Música: Christophe Minck. Reparto: Romain Duris, Audrey Tautou, Cécile De France, Kelly Reilly, Sandrine Holt, Flore Bonaventura, Jochen Hägele. Productora: Opposite Field Pictures / Ce Qui Me Meut Motion Pictures. Género: Comedia. Estreno (Francia): 4/12/2013. Estreno (España): 15/05/2014.

Hace ya mucho tiempo que Xavier estuvo un año de Erasmus en Barcelona para realizar una tesis sobre la economía española. Reconvertido en escritor y tras dejar a Martine, la novia de su juventud, decidió casarse con Wendy, una de las antiguas compañeras de piso de Erasmus con la que se reencontró años después. Ahora, recién entrado en los 40, su relación con Wendy empeora y cuando ella decide separarse y se va a vivir con sus hijos a Nueva York con su nueva pareja, Xavier también decide marcharse allí para estar más cerca de ellos.

‘Nueva vida en Nueva York’ es la tercera entrega de la saga que comenzó en 2002 con ‘Una casa de locos’ y la siguió ‘Las muñecas rusas’ en 2006, todas ellas dirigidas por el realizador Cédric Klapisch. Una trilogía que recuerda en su forma a la de ‘Antes del amanecer/atardecer/anochecer’ dirigida por Richard Linklater y protagonizada por Ethan Hawke y Julie Delpy. Si en aquella narraba la relación entre Celine y Jesse a lo largo de 18 años, en la saga de Klapisch sigue a Xavier durante más de 10, un hombre que no acaba de tener la vida sencilla y tranquila que quisiera. Una vida afectada por las tres mujeres que más le han influido: Martine, su ex-novia con la que tiene una buena relación;  Isabelle, su amiga y confidente y Wendy, con la que ha compartido varios años de matrimonio y está en proceso de separación.

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Es una película continuista de las dos anteriores en muchos aspectos, desde los mismos títulos de crédito con el collage en imágenes tan característico de la saga (que además sirve como breve resumen de las anteriores películas), las visitas surrealistas que recibe Xavier de reconocidos filósofos (en esta ocasión, Hegel y Schopenhauer), las situaciones rocambolescas ‘marca de la casa’, y sobre todo mantiene a un Xavier muy reconocible, con las dosis habituales de romanticismo, impulsividad, estrés y desesperación, pero que ha ido madurando al paso de los años. Su vida es como un rompecabezas chino, tiene todas las piezas, pero no acaba de saber encajarlas correctamente por su gran complejidad. El hecho de irse a vivir a Nueva York para estar cerca de sus hijos le supone un nuevo giro en su vida, se encuentra en un país y una ciudad que no conoce y acaba convirtiéndose en un inmigrante sin trabajo y ni casa.

El director y guionista Cédric Klapisch conoce perfectamente a los personajes de la historia y consigue realizar un retrato bastante realista de lo que es la vida adulta y el proceso de (in)madurez que supone llegar hasta ella. El deseo de ser madre por parte de Isabelle por medio de la fecundación in vitro con la ayuda de Xavier entrados en los 40 y que él se sienta perdido y viendo como su vida se va complicando cada vez más son algunos de los pocos temas serios en una película en el que predomina la comedia en  las diferentes tramas y subtramas.

Su nueva vida en Nueva York provoca que Xavier experimente algunas situaciones muy divertidas como el hecho de casarse con una joven china para poder conseguir papeles y un trabajo y tener que demostrar en el departamento de inmigración que son una pareja formal. A su falso matrimonio se añade la visita de su ex Martine con sus hijos y que su amiga Isabelle, que vive en la misma ciudad con su novia, tenga una relación a escondidas con la canguro de su hija.

El gran acierto de la película aparte de sus momentos cómicos, es haber logrado mantener al reparto original, al menos los personajes más significativos. Romain Duris lleva perfectamente el peso de la película con el personaje de Xavier que combina momentos divertidos con otros más dramáticos y que se identifica con la crisis de los 40, con el pensamiento del ‘ahora o nunca’ presente en buena parte de la película. Duris está bien acompañado por la siempre correcta Audrey Tatou, en el papel de su ex novia y amiga Martine, Cécile de France como la incorregible y divertida Isabelle y la inglesa Kelly Reilly en el papel de Wendy, reciente ex mujer de Xavier.

Pese a tratarse de una tercera parte de una saga, los espectadores que no hayan visto las dos anteriores tampoco se perderán demasiado en la trama ya que la película ya se encarga de hacer un breve repaso del pasado de los personajes. Para los que sí hayan seguido la saga de películas, ‘Nueva vida en Nueva York’ es la mejor de la trilogía y supone un nostálgico y divertido punto y final a las aventuras y desventuras de Xavier y compañía. Una ‘feel good movie’ en toda regla en la que se cierra el círculo y donde el rompecabezas de Xavier acaba encajando.

Sergio Montesinos (@Sergiomc90)

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