CRÍTICA: El viento se levanta (2013)

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Título original: ‘Kaze tachinu (The Wind Rises)’. Año: 2013. Duración: 125 min. País: Japón. Director: Hayao Miyazaki. Guión: Hayao Miyazaki (Cómic: Hayao Miyazaki. Novela: Tatsuo Hori)Música: Joe Hisaishi. Productora: Studio Ghibli. Género: Animación / Drama. Fecha de estreno (España): 25/04/2014 [FICHA EXTERNA]

Nunca he sido fiel admiradora de Miyazaki. O experta en ese género suyo y propio del cine que es la animación asiática. No he engrosado las filas y filas de admiradores del veterano cineasta a lo largo del mundo y nunca he vivido sus películas como acontecimientos inolvidables, sino como grandes obras que, pese a todo lo excelente que ofrecen, siempre me han dejado con cierta sensación de vacío. Sin embargo, sí que hay algo que siempre he sido, que me gusta hacer, y que, instintivamente, todos hacemos: reconocer una obra maestra a primera vista, a última vista y a cualquier vista. Emocionarme con una historia que deja una huella atemporal en nuestra memoria. Agradecer la creación del arte en su estado más puro, más escaso, más oculto. Y así, mientras las luces se encienden, el tiempo vuelve a cobrar sentido y ‘El viento se levanta’ pone punto y final a su historia, a la de Miyazaki, y a la de todos los que alguna vez han disfrutado de su prodigioso talento, sólo puedo sentir gratitud. Gratitud hacia la vida, hacia los sueños. Gratitud hacia un puro, escaso y oculto genio.

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Se vuelve a repetir. Vuelve a dejarnos atónitos. Y esta vez, me incluyo en ese grupo. El “efecto Miyazaki”, como nunca antes se haya podido ver, y ante todo, sentir. Porque el cine de Miyazaki es poesía visual, y él, un artista y un ingeniero de sueños y realidades como pocos hayan existido. Vuelve para decir adiós, para dejarnos una despedida maravillosa, una carta de amor apasionada hacia sus obsesiones y hacia sus experiencias vitales. Un drama histórico de una belleza inquietante e hipnótica. Vuelve para contarnos su historia, su vida, la personificada por Jiro, un joven que sueña con volar y diseñar aviones, inspirado en el famoso diseñador aeronáutico italiano Caproni. Vuelve para decirnos lo complejo de los sueños, lo imposible de algunos y las posibilidades que, pese a todo, siempre nos otorga la vida, convirtiendo a Jiro, incapaz de volar por su miopía, en un genio del diseño aeronáutico. Vuelve crítico, moralista aún incapaz de juzgar, para dejar que el espectador hile sus propios pensamientos y los acontecimientos que a él mismo, al propio Miyazaki, le han marcado. Vuelve con el terremoto de Kanto de 1923, la Gran Depresión, la epidemia de tuberculosis o la entrada de Japón en la Segunda Guerra Mundial.

Vuelve para darnos esperanza. Para homenajearnos y homenajearse. Para rendir tributo a los soñadores, a la fuerza y a la vida. Para contarnos dos historias en una y para, una vez más, hilar fantasía bajo una textura realista, bajo su propia concepción de la realidad. Una película propia de Miyazaki, pero diferente a todo lo que ya ha hecho. Introspectiva, personal, íntima, invasora, compleja, sí, pero una de sus más fascinantes y seductoras aventuras. Tan romántica como veraz, provee la vida de cada uno de esos personajes que tan cariñosa y empáticamente crea, con una elegancia y una angustia que inevitablemente emociona. Su perseverancia, su amor por la humanidad y los valores de la vida, siempre presentes como trasfondo, se sienten como una isla de esperanza en medio del océano que nos rodea y que, en ocasiones, amenaza con ahogarnos.

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Su cima en el arte visual, el que nos hace mantener fija la mirada durante las más de dos horas de metraje, empasta con sus defectos. Con su excesiva e innecesariamente dilatada duración, su intermitente montaje difuso o su bajón de ritmo en la segunda mitad. Encaja con su condición de obra maestra, de expectativas ante alguien que ya ha demostrado todo y que aún así sigue dando lecciones cinematográficas en cada obra que toca. No le exigimos perfección. No le exigimos unos límites. Porque las exigencias, el nivel, nos lo imponemos nosotros mismos, y los de Miyazaki y su ‘El viento se levanta’, son infinitos.

 Miyazaki se retira. Egoísta por una parte e inteligente por otra, dice hacerlo. Soy sincera cuando digo que me alegro. Es mejor marcharse en la cúspide habiendo dado todo lo que alguien puede dar a un arte, que caer en el olvido. Usted, artista e ingeniero, como su Jiro, como toda su carrera, está en la cima del talento de la industria cinematográfica. Atemporal e inolvidablemente. Gracias, señor Miyazaki.

‘El viento se levanta. Hay que intentar vivir’.

Lydia Martínez (@whataboutlydia)

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