RETROSPECTIVA: ‘Ben-Hur’ (1959)

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Título original: Ben-Hur. País: EE.UU. Año: 1959. Duración: 211 min. Dirección: William Wyler. Guión: Karl Turnberg (novela: Lewis Wallace). Música: Miklós Rózsa. Fotografía: Robert Surtees. Reparto: Charlton Heston, Jack Hawkins, Stephen Boyd, Haya Harareet, Hugh Griffith, Martha Scott, Cathy O’Donnell, Sam Jaffe. Productora: Metro-Goldwyn-Mayer. Género: Aventuras / Drama / Religión. Fecha de estreno (EE.UU.): 18/11/1959. Fecha de estreno (España): 19/12/1960.

El otro día llevé a cabo un ejercicio interesante: cerré los ojos, me concentré y dejé que acudieran a mi mente las imágenes de lo que para mí era el cine. Ahí estaba el cohete estrellándose en uno de los ojos de la luna, la sombra del ‘Nosferatu’ de Murnau, Janet Leigh en la ducha del Motel Bates, Jack Lemmon colando espaguetis con una raqueta, el monolito de ‘2001: Una odisea del espacio‘ y las torres llameantes de Los Angeles en 2019 de ‘Blade Runner‘. Y junto a ellas Charlton Heston a las riendas de sus caballos en la antológica carrera de cuadrigas de ‘Ben-Hur’, momento culmen de la película culmen de la que fue una nueva manera de entender el séptimo arte: el cine espectáculo. Para explicar cómo Hollywood llegó a aquello debemos retrotraernos unos cuantos años, a la posguerra de la II Guerra Mundial. Con la llegada de la televisión a los hogares estadounidenses la audiencia en cines cayó dramáticamente en apenas una década. La industria cinematográfica contraatacó al respetable ofreciendo un plus de espectáculo en sus producciones, pantallas más grandes y la introducción del cinemascope. Es entonces cuando se inicia en Hollywood una auténtica fiebre de cine histórico, con estrenos de famosos péplums como ‘La túnica sagrada’ o ‘Quo Vadis’, películas de extenso metraje, miles de extras y magníficas ambientaciones en las que se mostraba en todo su esplendor una de las épocas doradas de la historia: el Imperio Romano. Después vendría la primera incursión de Heston en el cine bíblico: ‘Los diez mandamientos’, película que seguía por los mismos derroteros de suntuosidad visual y espectacularidad desmedida. Es bajo ese influjo cuando nace ‘Ben-Hur’, la mastodóntica película de William Wyler que nunca falta en Semana Santa.

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Judá Ben-Hur (Charlton ‘NRA’ Heston) es un adinerado príncipe de Judea que recibe con los brazos abiertos a Messala (Stephen Boyd), nuevo Tribuno de la provincia y viejo amigo de la infancia. En su reencuentro, a pesar de los bellos recuerdos de juventud, pronto afloran las insalvables diferencias entre ambos, no en vano son oprimido y opresor. Mientras que Ben-Hur aboga por la liberación del yugo romano de su pueblo, Messala le insta por la total sumisión y la traición a sus compatriotas. Encallados en un punto sin retorno, será el azar en forma de teja cayendo accidentalmente del tejado de la terraza de Ben-Hur sobre el Gobernador de Judea lo que marque el destino de ambos. Ben-Hur y su familia serán injustamente condenados mientras que Messala logrará medrar en su carrera política y ser visto como un temible líder al que no le tiembla la mano a la hora de condenar a sus propios amigos. Será justo en ese momento, lleno de rabia e ira contenida, cuando Ben-Hur comience su largo y tortuoso camino en pos de la venganza.

‘Ben-Hur’ es una película con un evidente trasfondo religioso que se sirve de la contemporaneidad de su personaje principal con Jesucristo para introducir los principales momentos de la vida del hijo de Dios narrados en la Biblia, así como ciertas escenas de naturaleza mística. Pero el principal tema que trata la película es la venganza como concepto, su imperiosa necesidad y lo estéril de su consecución. La venganza es un sentimiento muy humano, un fuego interior que te empuja en una dirección, que te marca un objetivo impulsado por el odio. En el caso de Ben-Hur le da las fuerzas para seguir vivo, para sobrevivir al terrible tormento de tres años de galeras y salir a flote gracias a su inquebrantable espíritu. Lo que no sabe el Ben-Hur que sobrevive a la desgracia y se enfrenta a su mayor enemigo en la arena del circo romano es que la venganza no le va a hacer sentir mejor, no le va a devolver ni la riqueza ni los años perdidos, y mucho menos a su familia. ‘Ben-Hur’ presenta la venganza como un alivio efímero, una meta que no sirve de mucho si no eres capaz de encontrar el perdón.

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La película de William Wyler se muestra como un espectáculo de primera categoría de principio a fin. Tres horas y media de drama, emoción, aventuras y épica en las que nunca decae el ritmo y en las que el interés siempre queda latente gracias a un excelente montaje y dominio del tempo narrativo. El film se encuentra dividido en dos por un interludio musical, pero argumentalmente encontramos tres partes de una hora y algo de duración cada una: la introducción de personajes y la traición, la supervivencia del héroe y su posterior resurgir, y la resolución final tanto humana como divina. Todo perfectamente calculado y medido para sobrellevar tan extraordinario metraje.

‘Ben-Hur’ es grande gracias a la magnificencia presente en sus decorados, escenarios, vestuario y muchedumbres agolpadas, a la mirada de odio de Heston, a la imperial música que resalta los momentos de mayor dramatismo e intensidad épica, y por supuesto a sus poderosas escenas que se quedan grabadas en la retina: la de las galeras, la batalla naval, el regreso triunfal a Roma o la carrera de cuadrigas, la inmortal escena en el recreado circo de Jerusalén que fue rodada por los asistentes de dirección Andrew Marton y Yakima Canutt, encargados de la coordinación de especialistas. Diez minutos de espectacular y vibrante cine.

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Péplums hubo muchos, unos mejores que otros, pero ninguno tuvo la resonancia y la calidad que ‘Ben-Hur’ atesora. Una obra inmortal, bandera de una época y una forma de entender el séptimo arte. Prepárense unas torrijas, compren unas monas y reserven unas horitas para disfrutar del auténtico cine espectáculo.

“Roma esclaviza hoy a mi raza, a mi país, a la Tierra toda, pero no para siempre. Ahora te digo que el día que caiga Roma resonará un grito tan grande de libertad como jamás se haya oído hasta entonces en el mundo” – Judá Ben-Hur.

 Alfonso Gutiérrez Caro (@Al_Runciter)

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