CRÍTICA: La fuente de la vida (2006)

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2 estrellas

Título original: The fontain. País: EE.UU. Año: 2006. Duración: 96 min. Dirección: Darren Aronofsky. Guión: Darren Aronofsky, Ari Handel. Música: Clint Mansell. Fotografía: Matthew Libatique. Reparto: Hugh Jackman, Rachel Weisz, Ellen Burstyn, Sean Patrick Thomas, Donna Murphy, Cliff Curtis, Mark Margolis. Productora: Warner Bros. Pictures / Regency Enterprises. Género: Drama / Ciencia-ficción. Fecha de estreno (EE.UU): 22/11/2006. Fecha de estreno (España): 27/04/2007.

‘La fuente de la vida’ es una de esas películas raras de narices que o bien te encantan o bien se te atragantan. En ella viajamos al pasado, viajamos al futuro y vemos como Hugh ‘Zen’ Jackman flota por el espacio en el interior de una esfera mágica alimentándose de la corteza del árbol de la vida. Vamos, casi nada. La película tiene misticismo, profundidad y trascendencia para llenar varios camiones, o al menos eso es lo que pretende.

la fuente de la vida

Tom (Hugh Jackman) es un investigador médico de juvenil peinado cuyos trabajos se centran en la búsqueda de un remedio contra el cáncer. Dicha investigación tiene para él un especial y personal interés ya que su propia mujer Izzy (Rachel Weisz) se encuentra en un estado casi terminal de la enfermedad. Esta es, digamos, la historia madre de la película, el eje principal sobre el cual se desarrollan las otras dos (entiendo que de ficción), la del pasado y la del futuro. Izzy escribe un libro en el que relata la historia de un conquistador castellano del siglo XV que debe buscar el árbol de la vida en territorio Maya bajo orden directa de la mismísima reina Isabel La Católica, lo cual le llevará a lo alto de una pirámide para medirse en singular combate con un guerrero indígena. La historia del futuro, situada Dios sabe cuándo, nos presenta a un Hugh Jackman con la cabeza rapada y ataviado como un karateka vagando por el espacio exterior en una luminosa esfera mientras es asaltado por sus recuerdos, sus traumas y sus miedos.

Aronofsky nos trae una metáfora sobre la vida y la muerte, la lucha por la supervivencia y la búsqueda de esperanza. En realidad nos está hablando sobre el espíritu humano, sobre el no doblegarse ante la inmensidad, sobre creer en que hay algo más allá de la muerte y que ésta no es el fin, sino que puede ser el inicio de otra cosa, una transformación, el paso hacia un nuevo mundo. El tema en sí es atractivo, la película no tanto. Aronosfky nos presenta una película en la que el 90 % del metraje ocurre de noche o en interiores, dando pues como resultado (a pesar de los brillos dorados que aparecen por todas partes) una película oscura y claustrofóbica, con planos muy cerrados, muy íntima pero a la vez con unos aires de grandilocuencia expresados en esas escenas alegóricas de la esfera y el árbol.

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‘La fuente de la vida’ es, como mínimo, irregular. Algo falla y mucho cuando en una supuesta historia de amor me da igual que se muera o no la protagonista. La peli quiere abarcar tanto que al final no deja poso en ninguna de las tres historias. La principal, aunque sosita, se sigue con cierto interés. La de la esfera es una paranoia New Age con algún momento que roza el ridículo, mientras que la del libro es una especie de reinterpretación de la baja edad media castellana con la Inquisición como principal enemigo de la Corona. Señor Aronofsky, y por extensión señores de Hollywood, hay que documentarse mejor a la hora de abordar ciertos temas. En la escena en la que Isabel la Católica le cuenta al conquistador el tema de los Mayas y el árbol se refiere una y otra vez a su reino como “España”, cuando en realidad debería referirse a él como “Castilla”. El reino de España no sería llamado como tal hasta el reinado de su nieto Carlos I.

Como elementos positivos tenemos una preciosa banda sonora, unos efectos especiales curiosos y una duración ajustada. Los actores cumplen, ahí tenemos otra enérgica actuación de Hugh Jackman, a Rachel Weisz como reina y moribunda y la siempre estupenda Ellen Burstyn. Es de agradecer que haya cineastas inquietos que realicen obras diferentes, atípicas, destinadas a hacernos pensar y ampliar nuestros horizontes, pero como en todo riesgo a veces se gana y a veces se pierde. La película no llega, no emociona, se pierde en el espacio infinito como su protagonista.

‘La muerte es una enfermedad como cualquier otra. Existe una cura y yo la encontraré’. Tom.

Alfonso Gutiérrez Caro (@Al_Runiter)

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