RETROSPECTIVA: Mulholland Drive (2001)

mullholland drive poster

4 estrellas

Título original: Mulholland Drive. País: EE.UU. Duración: 147 min. Dirección: David Lynch. Guión: David Lynch. Música: Angelo Badalamenti. Fotografía: Peter Deming. Reparto: Naomi Watts, Laura Elena Harring, Justin Theoroux, Ann Miller, Robert Forster, Brent Briscoe, Jeannie Bates, Melissa George. Género: Drama / Thriller. Productora: Les Films Alain Sarde / Asymetrical Production. Fecha de estreno (EE.UU.): 19/10/2001. Fecha de estreno (España): 08/03/2002.

Genialidad y locura, locura y genialidad, dos conceptos separados por una etérea línea que a menudo se mezclan para ofrecer al mundo insólitas obras de arte. Así es como veo a David Lynch, un director completamente diferente, una rara avis dentro del mundo del séptimo arte, uno de los pocos cineastas de los que se puede afirmar que posee un universo propio, original y rico, que casi siempre nos ofrece una mirada insólita de la realidad. Es cierto que Lynch también tienen películas que podríamos catalogar como “normales” (nótense las comillas), ahí están ‘El hombre elefante’ y ‘Una historia verdadera’, películas que digamos siguen el esquema clásico de presentación-nudo-desenlace. Pero cuando hablamos de David Lynch, de lo lynchiano, estamos haciendo alusión a un tipo de historias en las que lo natural y lo sobrenatural se dan la mano, en las que lo inesperado puede surgir de la más absoluta nimiedad, y en las que una atmósfera enrarecida, malsana y perturbadora lo invade todo. Películas ciertamente “surrealistas” donde se redefinen los parámetros de lo que consensuadamente podemos definir como realidad, jugando con los límites de lo real y lo ilusorio, de la imaginación y de los sueños, dejándonos a menudo con la sensación de no haber entendido nada de lo que acabamos de ver. Ahí tenemos, por orden decreciente, la inclasificable ‘Inland Empire’, ‘Mulholland drive’, ‘Carretera perdida’, la genial serie ‘Twin Peaks’ e incluso ‘Terciopelo azul’ (ésta a medio camino entre normales y surrealistas).

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Hay una serie de principios que hay que tener en cuenta antes del visionado de películas como ‘Mulholland Drive’ para no sentirse estafado. A saber: 1) No tienes porqué entender la película. Si escarbas en ella hallarás algunas respuestas, pero ninguna será irrebatible e inamovible.  2) Hay que verla sin complejos y con mente abierta, sabiendo que no es una película al uso. 3) Su visionado requiere una atención absoluta para así poder ir encajando piezas, entendiendo o dando significado a la multitud de escenas simbólicas que desfilan por la película. 4) La clave es la percepción, todos percibimos la realidad de un modo distinto, y ese es un axioma que en las pelis de Lynch se lleva hasta el último extremo. Las cosas no son lo que parecen, un mismo hecho puede ser distinto dependiendo de la opinión y del prisma bajo el que se mire. Y 5) prepárate para tener sus imágenes revoloteando por tu cabeza durante días.

Ponerse a hablar de sinopsis o argumento en una película como ‘Mulholland Drive’ es meterse es un berenjenal del que difícilmente se puede salir. Baste decir que tenemos una serie de personajes: una aspirante a actriz, una mujer amnésica, un director de cine, un asesino a sueldo, unos extraños productores, cuyas historias dan comienzo tras un accidente de coche una noche en la carretera Mulholland Drive de Los Angeles. A partir de ese momento (incluso incluyendo ese momento) absolutamente todo lo que ocurre es interpretable, no hay una explicación oficial, Lynch no la da, en su lugar va dejando infinidad de detalles y pistas, piezas sueltas, miguitas de pan que cada cual puede ver y comprender de un modo distinto. Un ejercicio interesante, y francamente divertido, es ojear las críticas de los usuarios de Filmaffinity, lugar en el que encontraremos multitud de puntos de vista, de interpretaciones y de lo que cada uno cree que es la explicación de ‘Mulholland Drive’. Lo más grande de todo esto es que todos pueden tener razón. Todos y ninguno.

Resulta evidente que en ‘Mulholland Drive’ hay dos pelis en una. Una dura una hora y cincuenta y la otra no llega a media hora. Ambas se encuentran claramente separadas, tanto en argumento como porque los nombres de los personajes están cambiados. Esto da pie a pensar que una parte es un sueño, la otra realidad, o que una es la reconstrucción que el subconsciente de la protagonista hace de la otra. O quizás ambos son sueños, un sueño dentro de otro, o puede que se trate de realidades paralelas en las cuales los personajes se desenvuelven de forma distinta. Es obvio que el tema que subyace en la película es Hollywood y su leyenda como fábrica de sueños, por tanto tiene cierta lógica que la película se presente como una serie de escenas oníricas, caóticas y deslavazadas (¿acaso no son así los sueños?) en las que el amor, la pasión, la ambición, el dinero y la fama se entrecruzan.

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Lo importante en ‘Mulholland Drive’, más allá de la plena comprensión, es el viaje. Desconcierto, desasosiego, inquietud, son algunas de las palabras que vienen bien para describir las sensaciones que Lynch nos deja en el cuerpo. Hay momentos de humor, de amor y pasión (escenas lésbicas de las preciosas Naomi Watts y Laura Elena Harring mediante) como también los hay de terror. En estos últimos hay un genial uso de los planos en primera persona, una cámara subjetiva que te mete literalmente dentro de la película y encoje tu corazón a la espera de lo que puedas encontrar al volver la esquina. A esto ayudan y de qué manera la atmósfera enrarecida de la que hablaba al principio, la siempre excelente banda sonora de Angelo Badalamenti y esa serie de elementos que Lynch siempre suele colar en sus películas: personajes grotescos, actuaciones musicales inquietantes y salas con cortinas rojas (allí donde lo natural y lo sobrenatural conviven).

No es cine para todos el de Lynch, aunque debería serlo. Su universo ofrece tantas posibilidades como pensamientos e ideas genera la imaginación. Sus películas son siempre estimulantes en ese sentido, nos obligan a concentrarnos, a prestar más atención a todo lo que se nos dice y muestra en pantalla. Su cine es pues un ejercicio mental que trasciende las reglas de lo convencional y nos ayuda a sumergirnos en otros mundos que conviven con el nuestro (los nuestros). Y eso es algo que no está al alcance de cualquiera.

‘Eh, preciosa. Hora de despertar’.- el Cowboy.   

Alfonso Gutiérrez Caro (@Al_Runciter)

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