CRÍTICA: Dallas Buyers Club (2013)

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Título original: ‘Dallas Buyers Club’. Año: 2013. Duración: 117 min. País: Estados Unidos. Director: Jean-Marc Vallée. Guión: Craig Borten, Melisa Wallack. Fotografía: Yves Bélanger. Reparto: Matthew McConaughey, Jennifer Garner, Jared Leto, Steve Zahn, Dallas Roberts, Denis O’Hare, Griffin Dunne, Kevin Rankin. Productora: Focus Features / Truth Entertainment / Voltage Pictures / R² Films / Evolution Independent. Género: Drama. Fecha de estreno (EEUU): 22/11/2013. Fecha de estreno (España): 14/03/2014.

Ron Woodroof es un electricista y cowboy de rodeo que tras unos análisis le diagnostican el virus del SIDA y al que apenas le dan un mes de vida. Lejos de aceptar la muerte, investigará sobre diferentes medicamentos y tratamientos que podrían ayudarle a combatir su enfermedad.

A principios de los años 80 se descubrió la enfermedad del SIDA (síndrome de inmunodeficiencia adquirida), que debilita el sistema inmunológico del ser humano hasta provocar su muerte si no se trata, una enfermedad que en la época estaba muy extendida en la comunidad homosexual.

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‘Dallas Buyers Club’ narra esa época centrándose en el caso de Ron Woodroof, un hombre heterosexual que combina su trabajo de electricista con el de cowboy de rodeo con una vida nada saludable manteniendo relaciones sexuales sin protección con mujeres y consumiendo drogas. Esa combinación le lleva a tener el virus del SIDA y tener que asimilar una muerte segura según los resultados que le diagnostican en el hospital.

La película se convierte en una carrera a contrarreloj para Ron, que tras ver que los medicamentos aprobados por la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) como la AZT, en lugar de beneficiar a los enfermos, les provocaban efectos secundarios graves e incluso mortales, decide irse a México a encontrar un fármaco alternativo que fuera efectivo y hacer contrabando en Estados Unidos.

El filme muestra la ignorancia que se tenía del SIDA en aquellos años en los que se consideraba una enfermedad que únicamente tenían los homosexuales. Que el protagonista de la historia sea heterosexual sirve para mostrar esa homofobia (incluida la suya) tan extrema que existía entonces, aún sabiendo los gustos de Ron por las mujeres, sus compañeros de trabajo lo rechazan y deciden alejarse de él.

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El egoísta Ron Woodroof se transforma en un símbolo de lucha contra el virus del SIDA y en un héroe atípico para una comunidad, la homosexual, que no es de su agrado,  pero que se convierte en su mayor fuente de dinero. Tras la negativa de la FDA de legalizar medicamentos que ayudarían a mejorar a los enfermos, tras viajar alrededor del mundo para encontrar otros fármacos alternativos, decide crear un club de compradores en Dallas cuyos principales clientes son gays.

Uno de los aspectos que llaman más la atención de esta historia basada en hechos reales, es que el socio de Ron sea justamente un travesti homosexual llamado Rayon y que también está infectado por el virus de la sida. Ese factor ayuda a conseguir más compradores y que su negocio ilegal a escondidas de las administraciones y del gobierno funcione. Ron también encuentra apoyo en la doctora Eve Saks, que se solidariza con los enfermos y busca soluciones a diferencia de la pasividad de las administraciones y del hospital donde trabaja.

El guión de la película, aparte de tratar la lucha de Ron por vivir lo máximo posible y que superó con creces ese mes de vida que le dijeron en el hospital, incide en la lucha legal que tuvo el protagonista con la FDA, una administración que tardó en asimilar la cantidad de muertes que había por culpa de ofrecer a los enfermos las medicinas erróneas.

Uno de los pocos fallos que se le pueden achacar a la película es que no acabe de profundizar y rematar varios temas y saber qué camino tomar. Puede que al tratarse de un guión de encargo, el director, Jean-Marc Vallée, no haya sabido darle la suficiente personalidad como en algunos de sus anteriores películas en las que, aparte de dirigir, también se había encargado del guión. Ese aspecto perjudica el ritmo del filme en algunos tramos, aunque en su gran parte la historia fluye y las dos horas de duración no se hacen largas gracias a escenas y momentos muy conmovedores.

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Aparte de un guión sólido con alguna que otra carencia, ‘Dallas Buyers Club’ se sostiene, y de qué manera, en su reparto. Es muy difícil encontrarse en una película con tres intérpretes en tal estado de gracia como Matthew McConaughey, Jared Leto y Jennifer Garner. Cuesta entender la evolución interpretativa tan positiva de Matthew McConaughey que ha pasado de encasillarse en papeles de hombre atractivo en comedias románticas a interpretar personajes serios y fuertes de carácter. En el caso de esta película ha deteriorado su físico para interpretar de una manera excepcional a un hombre, Ron Woodroof, que no está dispuesto a morir y que hará todo lo que esté en su mano por seguir viviendo. McConaughey está perfectamente apoyado por su principal socio en la película, un Jared Leto transformado en el travesti Rayon, un chico que, pese a vivir la vida con alegría, le aterra la posibilidad de morir, sin duda, uno de los personajes más emotivos de la película. Leto también se ha visto expuesto a un gran cambio físico, un actor que hacía tiempo que no se prodigaba tras las cámaras, más centrado en su faceta de cantante en el grupo ’30 seconds to Mars’. Jennifer Garner con su papel de doctora Saks, sirve de apoyo moral y emocional para los dos personajes masculinos y la única representante del hospital dispuesta a hacer algo por los enfermos.

El filósofo y escritor Jorge Santayana dijo que “la vida no se ha hecho para comprenderla, sino para vivirla”. Eso es lo que hace el personaje de Ron Woodroof en ‘Dallas Buyers Club’, vivir una vida de duración incierta simbolizada en los rodeos de toros que tanto le apasionan. Una película vitalista y llena de esperanza que se aleja bastante de las propuestas que suelen llegar desde Hollywood.

 Sergio Montesinos (@Sergiomc90)

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