RETROSPECTIVA: ‘El apartamento’ (1960)

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Título original: The apartment. País: EE.UU. Año: 1960. Duración: 125 min. Dirección: Billy Wilder. Guión: Billy Wilder, I. A. L. Diamond. Música: Adolph Deutsch. Fotografía: Joseph LaShelle (B&W). Reparto: Jack Lemmon, Shirley MacLeine, Fred MacMurray, Ray Walston, Edie Adams, Jack Kruschen, Joan Shawlee, Hope Holiday, David Lewis, Naomi Stevens. Productora: United Artists / The Mirisch Corporation. Productor: Billy Wilder. Género: Comedia / Romance / Drama. Fecha de estreno (EE.UU.): 15/06/1960. Fecha de estreno (España): 23/12/1962.

Billy Wilder hizo grandes comedias como ‘Con faldas a lo loco’ o ‘Irma la dulce’, célebres dramas como ‘El crepúsculo de los Dioses,’ e incluso una de las mejores películas de cine negro de la historia: ‘Perdición’. Pero si tuviera que destacar una película suya por encima del resto elegiría una en la que se aúnen buenas dosis de drama y comedia, que te haga reír y que también te logre emocionar. Una película bonita que sea tan dulce y a la vez tan amarga como la vida misma… Elegiría pues ‘El apartamento’.

Jack Lemmon es C.C. Baxter, un gris oficinista de una compañía de seguros de Nueva York que “presta” su apartamento de soltero a varios de sus superiores para que echen unas canitas al aire con sus respectivas queridas. Baxter pretende hacerse valer de estos favores para medrar en su carrera profesional y conseguir un despacho propio en las plantas más altas del edificio de la empresa. Para subir y bajar de un piso a otro tendrá la grata compañía de Fran Kubelik, la agradable ascensorista que da vida Shirley MacLaine y que se encuentra perdidamente enamorada del señor Sheldrake (Fred MacMurray), el egoísta y déspota jefe de la empresa. La cosa se complicará cuando Baxter se enamore de la Kubelik, quedando su apartamento como eje aglutinador tanto de sus desventuras como de las de su jefe y su amada.

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El tema principal de ‘El apartamento’ es la soledad en la gran ciudad, ese sentimiento de aislamiento que puede llegar a provocar el peso de la alienación. Toda una ironía, sentirse solo en una ciudad en la que viven más de ocho millones de personas. El apartamento será el lugar en el que dos almas solitarias confluyan, un tipo adorable pero demasiado confiado y una chica dulce y simpática que nunca ha tenido suerte en el juego del amor. Dos buenas personas que son incapaces de ver que se están aprovechando de ellas, que el egoísmo le gana el terreno a la generosidad.

‘El apartamento’ es una de esas películas en las que todos los elementos rayan al máximo de sus posibilidades: una dirección soberbia, un guión perfecto en el que cada nimio detalle cuenta, una música inolvidable, una cuidada fotografía en blanco y negro y unas interpretaciones maravillosas. Destaca por supuesto el trío protagonista, pero aquí todos los personajes, hasta los más secundarios, se encuentran perfectamente desarrollados (como los geniales Doctor Dreyfuss y señora). No puedo dejar de mencionar la labor del gran Jack Lemmon, para mí el alma de la película, y cuya interpretación aúna momentos de gran comicidad con otros que resultan ciertamente enternecedores, creando un personaje muy empático y adorable. Un tipo al que el amor logra trastocar su escala de valores en la vida.

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Lo genial de este film es que contiene todos los ingredientes necesarios para resultar tanto una gran comedia como un emotivo melodrama. Una película que habla de ‘víctimas y aprovechados’, de bondad y también de ingratitud, de cómo a veces otros elementos tratan de aplastar a los sentimientos. Los últimos diez minutos de la cinta alcanzan una perfección pocas veces vista (ni antes ni después). La película de Wilder ganó cinco Oscar y bien podría haber ganado más, ¿qué más da? De lo que no cabe duda es de que estamos ante uno de esos casos en que la película los recibió con todo el merecimiento.

‘El apartamento’ es una historia de amor, una película con un aura especial, un genuino e imperecedero encanto que gana con cada nuevo visionado. Nunca olvidaré a Jack Lemmon colando espaguetis con una raqueta de tenis, ni a Shirley MacLaine mirándose en su espejo roto, o ese final con cierto tono agridulce que aún así logra dejarte una sonrisa en los labios. Damas y caballeros, esto es cine.

Yo vivía como Robinson Crusoe, era un náufrago entre ocho millones de personas hasta que un día vi huellas en la arena y la encontré a usted’. C.C. Baxter.

Alfonso Gutiérrez Caro (@Al_Runciter).

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