CRÍTICA: ‘Delitos y faltas’ (1989)

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5 estrellas

Año: 1989.  Duración: 104 min.  País: EE.UU. Director: Woody Allen.  Guión: Woody Allen.  Música: Varios. Fotografía: Sven Nykvist. Reparto: Woody Allen, Alan Alda, Claire Bloom, Anjelica Huston, Mia Farrow, Martin Landau, Jerry Orbach, Caroline Aaron, Sam Waterston, Joanna Gleason, Martin Bergmann, Jenny Nichols, Daryl Hannah. Productora: Orion Pictures. Productores: Jack Rollins & Charles H. Joffe.  Género: Drama / Comedia. Fecha de estreno (EE.UU.): 13/10/1989. Fecha de estreno (España): 06/03/1990.

Inspirada en el que una vez fue el guión original de ‘Annie Hall‘, con ‘Delitos y faltas’ Woody Allen abandona la preeminencia femenina que le ocupó películas como ‘Hannah y sus hermanas’ o las más serias ‘Septiembre’ y ‘Otra mujer’.

‘Delitos y faltas’ es una compleja y adulta tragicomedia que narra paralelamente dos historias, de apariencia completamente opuestas. Aunque distintas, ambas convergen en un sincero y devastador final que figura entre las mejores conclusiones de las películas de Woody Allen.

La primera de las historias, protagonizada por un estupendo Martin Landau (nominado al Oscar al mejor actor de reparto), posee un carácter más dramático y serio. En ella, el oftalmólogo Judah Rosenthal, con una vida perfectamente planificada y un gran reconocimiento en su ámbito laboral, ve peligrar toda esa comodidad debido a los celos y arrebatos de su amante Dolores. Ante esta situación, se plantea la necesidad de tener que acabar con la vida de su amada, interpretada por una inmensa Anjelica Huston.

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En la segunda de las historias, de carácter más secundario y cómico, Allen interpreta a Cliff, un director de documentales atrapado en un matrimonio infeliz. Cuando intenta conquistar a Halley (Mia Farrow) se pondrá por medio su molesto cuñado Lester (Alan Alda), quien además protagoniza el documental que está rodando Cliff.

Con ambas líneas argumentales, ‘Delitos y faltas’ adopta así una estructura extraña que a primera vista no parecen compatibles, pero que casan a la perfección. Tanto en su vertiente cómica como trágica, Allen consigue un halo de melancolía que emparenta ambas historias, aunque pertenezcan a géneros diferentes. El primer beneficiado por esta naturaleza díptica del relato es el ritmo de la película, consiguiendo que ‘Delitos y faltas’ sea, al mismo tiempo, una de las películas más profundas y más divertidas de su filmografía.

La película plantea cuestiones sobre la vida, la muerte, la verdad, la moral y Dios. Todos ellos temas comunes del cine de Allen, si bien en esta ocasión se percibe un mayor pesimismo en su resolución. ‘Delitos y faltas’ pone a prueba la ética del espectador y relativiza con tanta crudeza los términos del bien y del mal que incomoda.

delitos y faltas

Un buen ejemplo que aúna el estilo cinematográfico y narrativo del autor se encuentra en la estupenda secuencia imaginada, donde se funden el presente y el pasado en una encendida conversación familiar acerca de la religión, la fe, la justicia y el poder político. Allen incide así en la importancia de los sucesos históricos a la hora de calificar los hechos como encomiables o reprobables.

En ‘Delitos y faltas’, Allen trata con mayor sinceridad y hasta crueldad la ausencia de un dios, de una entidad superior que juzgue o castigue las supuestas conductas. Todo lo deja a merced de la moralidad de cada uno y de si cada cual es capaz de justificar sus actos sin tener que rendir cuentas a nadie. Esta misma idea sería empleada también en un filme posterior del director, ‘Match Point’, pero sin ese contrapunto cómico, tan vital para la historia.

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El director de ‘Manhattan‘ no se corta un pelo y en su insistencia por demostrar la ausencia de un dios juzgador castiga al creyente, sumiéndolo en una ceguera cada vez mayor a lo largo de la película. La visión es empleada como una metáfora de la comprensión moral en más de un momento del filme, desde la alusión a los ojos de dios en su comienzo, pasando por que su protagonista es oftalmólogo y culminando en la ceguera del creyente. Los ojos son también el principal objeto de una de las escenas más arrebatadoras e inolvidables de la película. Aunque en algún momento se fuerza el simbolismo, como en el caso de las luces fundidas del coche del protagonista.

La estupenda conjunción entre las cuestiones más trascendentales de la vida con algunas de las líneas más hilarantes del realizador neoyorkino, convierten a ‘Delitos y faltas’ en una verdadera joya y en una de sus últimas obras maestras por su riqueza de temas, contrastes y perspectivas. Ácida, ingeniosa, amarga, descarnada y profundamente melancólica. Magistral.

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