El dictador

Sacha Baron Cohen volvería a contar con su director habitual Larry Charles para dirigir esta sátira política, que arremete tanto con los gobiernos autoritarios de allí y de aquí.

 
El general Aladeen, un dictador sin escrúpulos, ha sido traicionado por sus más allegados para poder vender su país a las empresas petrolíferas. Desprovisto de su poder, tendrá que hacerse paso por Nueva York para llegar hasta las Naciones Unidas e impedir la firma de la Constitución que instauraría una democracia en su amado país.

La comedia es un género que tiende a la infravaloración. El género dramático suele recibir mayor atención por parte de los festivales, premios, crítica e incluso del público presuntamente entendido. Rara vez se tiende a sobrevalorar una comedia y a apreciarla por sus méritos humorísticos, más allá de pretendidos discursos sociales o reflexiones vitales.
El dictador es una comedia que logra sus objetivos. Parte de una sátira de los gobiernos dictatoriales y eleva el surrealismo hasta cotas inimaginables sin dejar títere con cabeza. Busca lo desagradable, lo políticamente incorrecto, la situación más indignante posible, y es ahí donde triunfa. 
 
Con El dictador, Sacha Baron Cohen recupera un personaje machista, racista, mujeriego y autoritario que presenta más similitudes con su gran éxito Borat que con su irregular film Brüno. El film descansa mayoritariamente en su buen hacer humorístico. Estamos ante un actor con un gran talento para la comedia, muy entregado, que no solo interpreta sino que logra meterse en la piel de los personajes que satiriza. Todo ello para luego golpearnos por creernos moralmente superiores a estos, pues nuestros defectos van camino de asemejarnos más de lo que desearíamos.
 
La película se basa en una construcción de situación escatológica tras situación, lo que da pie a que algunas escenas estén más logradas que otras. Se echa en falta el efecto de cámara escondida propio de sus anteriores films. Los mejores momentos son aquellos en la que la película se percibe casi improvisada, con mucha frescura, gracias en gran parte a la rienda suelta que ofrece su protagonista.
 
El dictador no es perfecta, pero triunfa como película de humor. Sacha Baron Cohen brilla como dictador y  la extensa lista de secundarios y famosos dejan tras de sí una larga estela de carcajadas.

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