Crazy, Stupid Love



Cal (Steve Carell) es un hombre asentado, casado, de cuarenta años que ve cómo se desmorona su vida cuando su mujer (Julianne Moore), el amor de su vida le confiesa que tiene una aventura. En un bar conocerá a Jacob (Ryan Gosling) quien le dará unas lecciones sobre cómo comportarse para tener éxito con las mujeres.

Crazy, Stupid Love es una comedia romántica con un largo plantel de actores famosos. De argumento manido por tantas otras comedias, la película comienza directa, sin titubeos, presentándonos a la pareja en crisis. Sus primeros minutos prometen una gran comedia dramática. Lamentablemente la película presenta una serie de defectos que lastran la que podría haber sido la comedia romántica de la década.


La situación inicial del film no podía ser mejor. Los actores son todos brillantes y como tales interpretan sus papeles con profesionalidad y en ocasiones, con chispa. Nadie está exagerado. Steve Carell es un gran actor que tanto puede bordar una comedia como un drama. Por su parte, Ryan Gosling nos enseña una vena cómica que hasta ahora desconocíamos.


El argumento se desarrolla con naturalidad y los personajes principales se desenvuelven en el mismo con solvencia. Pero al final, el peso que la película otorga a sus historias y personajes no resulta el más idóneo. Actrices con talento como Emma Stone o las espléndidas Julianne Moore y Marisa Tomei resultan, cuanto menos, desaprovechadas. Se incide así en otras historias de forzado desarrollo que finalmente terminan por no interesar demasiado (o incluso en ocasiones provocar el sonrojo), como es el caso de la historia de la chica enamorada de Carell o del hijo del mismo, de vergonzosa resolución.

La película concede un tono más dramático que cómico a la historia. Esto no tendría que rebajar necesariamente el interés por la misma, sino todo lo contrario, mejorar la historia y profundizar en sus personajes. Lo que ocurre es que con ello el ritmo decae, y mucho. Se podría recortar perfectamente media hora del metraje, lo que da lugar a que el espectador en más de una ocasión consulte la hora.

Como comedia falla al no provocar ingeniosas e hilarantes situaciones, más allá de una o dos escenas gracias al talento de su actor protagonista. Como drama mejora en su tercer acto, con un buen e inesperado giro de guión, pero que al final hace aguas con un final demasiado edulcorado.

Crazy, Stupid Love es un película que ciertamente se sitúa muy por encima de muchas películas del género. Pero disponía de tantos puntos a su favor que, visto el resultado, resulta inevitable sentir una cierta sensación de decepción. Puede que en un segundo visionado y sin las expectativas tan altas, mejore.

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