Project X

Todd Phillips, director experto en fiestas varias (Resacón en las Vegas, Resacón 2, Aquellas juergas universitarias), ahora en labores de producción, cede su silla al debutante Nima Nourizadeh para rodar la fiesta que nunca nos mostró en pantalla. No al menos de forma tan explícita, pues las fotografías con las que clausura sus “resacones” podrían considerarse el germen de esta cinta.



Narra la historia de tres adolescentes, en plena edad de experimentación y desenfreno, que con motivo del decimoséptimo cumpleaños de uno de ellos, planean la gran fiesta que les sacará del anonimato y que les hará ascender dentro de esa efímera popularidad juvenil. Con tales intenciones, y ante el temor de que se convierta en un sonoro fracaso, invitan a mucha más gente de la que pueden conocer. Todos estos ingredientes hace que, inevitablemente, la gran juerga se les vaya de las manos.

Project X nos sitúa en la misma mañana de esta gran fiesta de instituto, soñada por cualquier adolescente y temida por todo adulto. Temor este que puede ser fruto también de la envidia. Ahí quedan esos adultos que se asoman a la fiesta para intentar ser partícipes de semejante evento. La película pasa a ser en seguida un desfile de tetas, alcohol, drogas, chicas con vestidos apretados, camisetas mojadas y pringados etílicos, perro volador incluido. Es como cualquier película sobre fiestas universitarias que hayas visto antes pero hasta arriba de anfetas.


Es un claro cruce entre Monstruoso de Matt Reeves y Supersalidos de Greg Mottola. Sin ir más lejos, sus tres protagonistas son clavados a los de la comedia adolescente de 2007. El conjunto es bastante eficiente. Consigue por momentos contagiarnos la sensación de recorrer una alocada discoteca, donde el sentimiento de responsabilidad se desvanece bien pronto. Este es uno de los puntos fuertes del film, su falta de pretensiones. No muestra apenas el más mínimo atisbo de arrepentimiento. Ni siquiera sus consecuencias desastrosas son mostradas como un estímulo negativo de esta conducta irresponsable, sino que sus protagonistas son incluso vitoreados por la misma.

Project X nos hace testigos de los primeros y titubeantes contactos con las drogas, el sexo y la popularidad. Se le podría achacar el hecho de que no consiga que el espectador se encariñe tanto con sus protagonistas (el tan cacareado Costa merecía más golpes de los que recibe), o que no produzca ese sentimiento de nostalgia que sí lograba despertar la estupenda y ya mencionada Supersalidos. Por otra parte, las mujeres son tratadas como meros objetos sexuales hasta tal punto que raya lo insultante. Le sobra también ciertos niñatos vestidos de amarillo y ejerciendo de porteros sin la menor gracia.

A pesar de ello, la película es sincera en su discurso y consigue su objetivo de entretener y vivir una fiesta de la que difícilmente uno pueda olvidarse.

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